“El cerebro” de Clark Carrados

El cerebro; por Clark Carrados [Luis García Lecha]; ilustración de la cubierta, Cha’Bril. Barcelona: Toray, 1954. Colección: Espacio – El mundo futuro; nº 2.

  • Reedición: Toray, 1971. Colección: Espacio – El mundo futuro; nº 526.

 

  • Género – materia: ciencia ficción – exploración espacial – inteligencia artificial – sociedades extraterrestres

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Una nave terrestre debe aterrizar con urgencia en un planeta, para una reparación. Una vez solventada esta se aperciben de que, para poder despegar, deben aligerar peso dejando a un astronauta en el lugar durante tres meses, hasta la llegada de una nave de rescate. El protagonista se ofrece a ello, y cuando la nave asciende estalla en mil fragmentos. Nuestro héroe quedará solo, condenado, cuando se acaben los suministros, a morir de inanición. Pero al poco llega una nave extraterrestre con tres tripulantes muy peculiares –uno de ellos habla como un gánster, y los otros dos como personajes del Renacimiento–, que le invitan a acompañarles a su planeta. Pero en el camino los habitantes de otro se disputarán la posesión del terráqueo…

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El autor

La presente es una de las primeras novelas escritas por Clark Carrados, esto es, Luis García Lecha (1919-2005), correspondiendo al número 2 de la primitiva colección de ficción científica «Espacio – El mundo futuro». El estilo del autor ya está presente, pero aún no depurado. Utiliza largos párrafos, muy largos, a tal punto que, en muchas ocasiones, se pierde, y la construcción gramatical de las frases deja mucho que desear, y uno ha de imaginarse lo que quiere decir antes que entenderlo en realidad. Después, Lecha iría mejorando su estilo, haciendo descripciones más breves y más precisas, aunque sus tramas seguirían inmersas en la simplicidad.

Aquí, todo ese largo preámbulo que he precisado detallar para meter en situación al lector, realmente no es necesario para la historia, y semeja puro relleno para que la novela alcance la extensión solicitada. La trama en realidad se centra en esos dos planetas referidos al final, más o menos gemelos y con culturas similares, a tal punto que ambas son regidas por un gran cerebro artificial y despótico, y con una reina como segundona. Por supuesto que el protagonista es tan apuesto y machista que hará que ambas reinas caigan rendidas a sus pies. Por cierto que en un momento determinado, una de las reinas aparece armada y dispuesta a la lucha, acompañada de su séquito, lo cual hace pensar sin lugar a dudas en la princesa Leia. Además, las batallas espaciales recuerdan poderosamente a las que, más tarde, aparecerán en la franquicia Star Trek.

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El librillo es rutinario, cambia de tono constantemente, y lo mejor es cuando el cerebro de uno de los planetas se desvela como un megalómano despreciable, y se detalla como está constituido. Todo el clímax final está muy traído por los pelos, y parece una improvisación al no saber el autor muy bien cómo acabar la historia. Aunque, si nos fijamos bien, el esqueleto dramático de la historia es una versión muy libre de El mago de Oz. Con todo, si no se es muy exigente, puede suponer un sencillo divertimento.

Carlos Díaz Maroto

“Un solo ataúd”, de Silver Kane

Un solo ataúd, por Silver Kane [Francisco González Ledesma]. Barcelona: Editorial Bruguera, 1962. Colección: Punto Rojo; nº 1.

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Percy ha muerto. Magda iba a casarse con él, y ahora cree verle aún, y conversa  con él. Tiempo atrás estuvo ingresada en una clínica mental por sufrir alucinaciones. Ahora entra a trabajar en un colegio como profesora de francés…

La colección «Punto Rojo» de Bruguera resultó bastante ecléctica, dentro de lo que los anglosajones llaman «crime novel», y nosotros, de forma un tanto constrictora, «novela policial», reduciendo nominalmente el concepto a historias solo protagonizadas por policías. De este modo, la colección incluía tramas de policías, de gánsteres, de crímenes, de detectives… y, en algunas ocasiones, de suspense, misterio o hasta terror. Sospecho que Bruguera, hasta la aparición de la colección «Selección Terror», en 1973, tuvo la manga un poco ancha en «Punto Rojo», aceptando historias que bordearan la temática, mientras no incursionaran en la temática sobrenatural (la palabra “vampiro” se repite bastante a lo largo de la colección, sin que en realidad apareciera ninguno a lo largo de esta, que yo sepa).

Un solo ataúd, de Silver Kane, podría asemejarse a las películas de terror que realizó la Hammer a mediados de los sesenta, mezclando un poco a Alfred Hitchcock con Henri-Georges Clouzot. Películas como El alucinante mundo de los Ashby (Paranoiac, 1963) o El abismo del miedo (Nightmare, 1964), ambas de Freddie Francis, serían comparables en tono y forma a lo que exhibe esta novela, obra del autor de Crónica sentimental en rojo. El tono lóbrego del colegio al que va a guarecerse, más que a trabajar, Magda, es un poco como el de Las diabólicas (Diabolique, 1955), precisamente de Clouzot.

González Ledesma comete algunas ingenuidades, como que la protagonista, norteamericana, vaya a dar lecciones de francés a un colegio donde ya tienen como profesora a una francesa auténtica -que se ocupa de enseñar otras lenguas-. Y en un momento determinado dice que “las gaviotas croaron”, no sé si como error, o como una figura literaria que no acaba de cuajar. Y tenemos un médico cuyo lenguaje profesional suelta una burradas que dejan apabullado.

Dentro de ese tono de suspense bordeando el terror tenemos al héroe protagonista, que parece más propio del género negro, aunque sea marino. Y el final de la obra hace que esta transite, siquiera un breve instante, por los meandros del espionaje. Digamos que este sería el macguffin de la historia. Y como clímax final tenemos un elemento directamente copiado de una película fundamental de un director citado más arriba.

En cuanto la heroína empieza a tener visiones uno comienza a sospechar, y de inmediato viene a la mente un clásico del cine criminal, que también tiene una novela que se escribió simultáneamente al film, aunque mucha gente piense que la película es adaptación del libro (soy así de abstracto para no desvelar un detalle crucial de la trama). Y, de hecho, lo que se sospecha se confirma. Hay también un detalle, cuando solo faltan diez páginas de libro, en donde la protagonista empieza a contar cosas que trastocan por completo el enfoque de la historia. Dado que el autor llevaba a la chica como punto focal de la narración, y nosotros íbamos de su mano, no puede sino considerarse una trampa poco honesta para con el lector.

El resultado es una cosita entretenida pero poco consistente, y que, en todo caso, ofrece una guía a posteriores autores para saber las temáticas por las que la colección podría circular a partir de entonces.

Carlos Díaz Maroto

 

“Después de la invasión” de Marcus Sidereo

Después de la invasión; por Marcus Sidereo [María Victoria Rodoreda[; autor de la ilustración: Jorge Núñez. Barcelona: Editorial Bruguera, 1975. Colección: La Conquista del Espacio; nº 235.

  • Materias: Invasiones alienígenas – seres extraterrestres – telepatía – supervivencia.

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El planeta Klenox pierde la atmósfera, absorbida por su satélite, y sus extraños habitantes, unos seres escamosos con poderes telepáticos, para sobrevivir invaden la Tierra (al menos, se habla de terrestres), convirtiendo en esclavos a los humanos. Pero cuatro de esos terrestres lograrán evadirse y, adentrándose en el mar, serán recogidos por un submarino y trasladados a un complejo científico habitado en el fondo del océano, desde donde intentarán liberar el planeta y eliminar a los invasores.

La novela se centra en lo que ocurre tras la invasión, describiendo el escenario de la Humanidad esclavizada en campos de trabajo, con connotaciones mestizas entre sociedades futuristas y de épocas antiguas, y la fuga ya aludida del grupo protagonista hacia el mar, así como la vida de los terrícolas en la tecnológica estación submarina, mientras preparan el plan de reconquista.

Marcus Sidereo, a través de acciones paralelas muy bien medidas, nos narra, con mucha eficacia y tensión, las emocionantes peripecias de los protagonistas, logrando, en esta ocasión sí, una estupenda trama que no decae en casi ningún momento, y plena de situaciones que logran que el lector perciba, tras la invasión alienígena, visiones muy cercanas a lo que sería una Tierra en un periodo posnuclear, en el que los hombres son sometidos a condiciones extremas por parte de unos amos implacables.

Solo matizar que, como siempre, la autora peca en su nulo rigor científico, en absurdos fallos astronómicos y en sus increíbles dudas de cultura básica. Pero todo ello es mejor obviarlo y no dar detalles para no manchar esta interesante novela.

Por estos inconcebibles fallos que se dan al comienzo de la obra, en mi calificación del 1 al 5, la puntúo solo con un 3.

Luis Ángel Lobato

“El terror acecha” de Burton Hare

El terror acecha; por Burton Hare [José María Lliró Olivé]. Barcelona: Editorial Bruguera, mayo 1978. Colección: Selección Terror; nº 270.

  • Materias: goticismo – vampiros – buque maldito

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José María Lliró Olivé escribió con, entre otros, los seudónimos de Mike Cameron, Buck Billings, Clark Forrest, Delano Dixel, Gordon Lumas, Marcel D’Isard, Max Cameron, Mike Shane, Milly Benton, Ray Brady, Ray Simmons o Ricky C. Lambert, pero es más conocido como Burton Hare (seguido de Gordon Lumas). Tocó muy variados géneros, y antes de volcarse al bolsilibro parece que escribió crónica sobre su Barcelona natal ficcionada.

El terror acecha es un título tan ambiguo que detrás de él podría estar cualquier cosa, dentro del género que lo cobija, por supuesto. La novela arranca con la misteriosa muerte de una joven junto a una playa, y después se nos presenta al protagonista, un ex militar recién regresado de la India, y que pretende hacerse con su legado, un tétrico castillo al que todos los habitantes del pueblo, por supuesto, temen. Con esa urdimbre diríase convencional Burton Hare compone una narración gótica plagada de las constantes inherentes a una historia de esta índole. Solo que lo hace de una forma honesta y sólida, a tal punto que su lectura se hace gozosa. Hare, además, muestra un uso del vocabulario mucho más amplio de lo que es norma en este tipo de lecturas, si bien en una ocasión refiere “sicosinesia” en lugar de “psicoquinesia”.

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Burton Hare

De esta manera, el autor efectúa una composición clásica y agradecida, que nos hace sentir como si estuviésemos ante una película de la Hammer. Y siempre con la intención de dilatar su contenido lo máximo posible sin, por ello, medrar la acción ni irse por los Cerros de Úbeda. Por supuesto que el lector experimentado tendrá sospechas de por dónde irán los tiros. Mientras, la trama se divide entre esa serie de asesinatos que acontecen en los alrededores del castillo, y donde las víctimas parecen haber envejecido, amén de sentir placer sexual en el momento de su muerte; y la aparición de un barco maldito, de negro velamen hecho jirones, y que parece deslizarse por las aguas de la bahía en lugar de impulsarse. Todo ello, recreándose en una ambientación gótica, como se dijo.

Hasta casi pasados dos tercios de la novela no descubrimos que quienes están detrás de todo no son otra cosa que vampiros, si bien de carácter un tanto peculiar, y aún al final se nos ofrecerá otra sorpresa, también deducible, pero que está bastante conseguida, y que no destriparemos.

El resultado es una obra sencilla pero bien elaborada, que demuestra que Burton Hare es un autor a considerar.

Carlos Díaz Maroto

“Azote de sangre y sol”, de Donald Curtis

Azote de sangre y sol; por Donald Curtis [Juan Gallardo Muñoz]. Barcelona: Ed. Bruguera, 1979.Colección: Búfalo serie roja; nº 1366.

Reedición: Barcelona: Ed. B, 2002. Colección: Salvaje Oeste; nº 31.

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Atractiva novela del Oeste obra de Juan Gallardo Muñoz, amparado esta vez bajo el seudónimo de Donald Curtis. Bajo ese atractivo título se oculta una obra que está a mitad de camino entre el western tradicional y el spaghetti-western. La acción tiene lugar en una localidad sureña llamada Adobes -así, en español, se nos recalca-, y gran parte de la fuerza de la narración reside en la descripción del lugar, anegado de sol, polvo y miseria. Así, el tono sudoroso y desabrido de muchos spaghettis se perciben en la atmósfera del lugar.

El arranque es un tanto al estilo de una de las obras maestras cinematográficas del género, Solo ante el peligro (High Noon, 1952). Incluso el comisario protagonista se apellida Kane, al igual que el mítico personaje encarnado por Gary Cooper en la película de Fred Zinnemann. Así, se nos informa que a la ciudad va a llegar un temido forajido, que años atrás fue encarcelado, y busca vengarse en el sheriff, ahora enfermo y postrado en la cama.

Sin embargo, a esta trama se añade otra sobre posesión de aguas que recuerda mucho a otra novela de Donald Curtis, Ese tipo llamado Sacramento, que fue incluida en el tomo recopilatorio editado por A.C.H.A.B. Sesión continua. La referida novela, de carácter semi-humorístico, es posterior, así pues es posible que Gallardo volviera a tomar esa parte de la presente para desarrollar la nueva.

En todo caso, Azote de sangre y sol posee un tono muy distinto, serio, desde luego, y con una densidad dramática encomiable. El punto de arranque, el de ese regreso del pistolero sanguinario y psicópata, supone el detonante para una serie de reacciones que acontecerán en el pueblo. Será el pistoletazo de salida para unos posteriores acontecimientos que arrostrarán la vida de todos los habitantes del lugar.

Una joya, muy recomendable.

Carlos Díaz Maroto

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“Timidez y amor”, de Corín Tellado

Timidez y amor, por Corín Tellado [María del Socorro Tellado López]. Barcelona: Bruguera, 1956. Colección: Rosaura; nº 332.

Reediciones:

  • Bruguera, 1958. Colección: Coral; nº 57.
  • Bruguera, 1966. Colección: Corinto; nº 118.
  • Bruguera, 1969. Colección: Coral; nº 115.
  • Bruguera, 1972. Colección: Minilibros Bruguera, Serie Rosa; nº 644.
  • Bruguera, 1978. Colección: Selección Coral; nº 579.

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Por cuestiones que sería arduo reflexionar, los hombres solemos tener prejuicios hacia las novelas llamadas rosas o de amor. Corín Tellado –de verdadero nombre María del Socorro Tellado López (Viavélez, El Franco, Asturias, 25 de abril de 1927 – Gijón, 11 de abril de 2009)– es, sin lugar a dudas, la más genuina representante del género en España, y dentro del mundo del bolsilibro. Entre 1946 y 2009 escribió alrededor de cinco mil novelas, traducidas además a veintisiete idiomas. También hizo uso de los seudónimos Ada Miller y su variación Ada Miller Leswy.

Recuerdo que, con quince años, cuando leía profusamente bolsilibros, me centraba en el terror, la ciencia ficción, el policial y el western, géneros considerados “masculinos”. Mi hermana un día me recomendó la lectura de una novela de Corín Tellado, aduciendo que era muy divertida porque la protagonista se hacía pasar por tonta, y que me gustaría. No recuerdo el título de la obra, pero sí recuerdo que la dejé antes de llegar a la mitad.

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En mi enorme sentido de la responsabilidad para con este blog, y en la intención de cubrir la gran variedad temática del mundo del bolsilibro –ya me atreví con una de Estefanía, autor que no entra dentro de mis favoritos, precisamente– he optado por abordar una novela de Corín Tellado, y la casualidad ha querido que la primera que caiga entre mis manos sea esta Timidez y amor, que suena rematadamente cursi.

Al iniciar la lectura de la novela he optado por imaginarme todo en la mente como si se tratase de una película de Douglas Sirk, el llamado «maestro del melodrama». Pero he ido comprobando que imagen y lectura no casaban, acercándose lo que yo iba recreando más a las comedias románticas de Jean Negulesco de los cincuenta, tipo Creemos en el amor. Sin embargo, al poco el tono ha mutado de nuevo, y semejaba más una comedia sentimental española de los cincuenta, acercándose a la, por otro lado, nada desdeñable Luna de verano, de Pedro Lazaga.

La protagonista es una niña bien, hija de inglés y andaluza, que hereda a su abuelo y decide viajar a España para estudiar en la universidad. Va acompañada de su tutora, una estirada pero joven inglesa que se hará pasar por pintora. La chica, por supuesto, también va a la caza de un apuesto español que no se fije en ella por su dinero. Así pues, se hospedan en una modesta pensión, donde se cobijan algunos estudiantes. Uno de ellos es alto, desgarbado, tímido y torpón… Por supuesto, a partir de ahí todos nos imaginamos cómo acabará la historia.

Teniendo en cuenta que esta es la primera novela que en verdad leo de Corín Tellado, en muchos aspectos he de recurrir a la especulación. Escrita en 1956, su protagonista es una muchacha de alta posición social. Sospecho que gran parte de estas novelas tenían este tipo de protagonistas, para que las lectoras a las que iban dirigidas pudieran olvidarse de sus vidas y, por unos instantes, fantasear con una existencia más lujosa. Era como el cine español de la época, donde había millonarios a punta pala mientras el pueblo se moría de hambre.

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Debo reconocer que el resultado me ha sorprendido más positivamente de lo que creía. No está del todo mal escrita, y de hecho cae en errores de estilo más o menos comunes en los bolsilibros; en este caso concreto, la autora abusa bastante del empleo del “queísmo”, así como una cierta profusión de cacofonías. Los diálogos son vivaces y ágiles, con cierto punto de engolamiento, por otra parte habitual en las obras de la época en que la presente está escrita.

En cuanto al argumento… Bueno, lo cierto es que resulta entretenido, los personajes tienen cierto empaque, en especial el muchacho tímido, así como la dama de compañía de la estiradita protagonista que, por supuesto, gracias al amor evolucionará internamente. De todas maneras, llega un momento que el continuo enfrentamiento entre chico y chica, que debiera considerarse un duelo de voluntades e inteligencias, parecen más bien peleas de chiquillos inmaduros, y se hace en exceso redundante. Creo que llegado cierto punto el tono de la relación entre ellos debiera haber variado.

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Pero bueno, dado lo que uno se esperaba, la sorpresa ha sido grande. La temática no me atrae mucho, pero puede que, pasado un tiempo, podáis disfrutar de la reseña de otra novela de Corín Tellado. Vuestra es la palabra.

Carlos Díaz Maroto

“Guerra en Marte-II”, de Glenn Parrish

Guerra en Marte-II; por Glenn Parrish [Luis García Lecha]; autoría de la ilustración: Jorge Núñez. Barcelona: Editorial Bruguera, 1974. Colección: La Conquista del Espacio; nº 207.

  • Materias: Viajes espaciales – Colonización de planetas – Conspiraciones – Guerras entre mundos.

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Joe Rottam, un colono terrestre asentado como agricultor en el planeta Marte-II, a dieciséis años-luz de la Tierra, tiene una próspera granja y dos graves inconvenientes: sus tierras son utilizadas para combates entre los ejércitos de los planetas Hithor y Fardil, y Marte-II está regido por un despiadado gobernador que quiere, a todo precio, apoderarse de su preciada granja.

Para solucionar sus problemas y no tener que abandonar sus propiedades y regresar a la Tierra, Joe Rottam habrá de trasladarse al planeta Hithor con el fin de rescatar a la hermosa general –de la que se ha enamorado– Rubi Horhus, desmantelar el tiránico gobierno de ese planeta y luchar contra el brutal regidor de Marte-II, Wolf Durdeen, para así recuperar sus posesiones y liberar al planeta de su opresión.

Con un tono desenvuelto y pausado y una trama imaginativa –cuando no alucinante– que acostumbra a otorgarnos Glenn Parrish/Clark Carrados en sus narraciones de «LCDE», Guerra en Marte-II se convierte una divertidísima y muy especial novela, dado el ambiente crepuscular y nostálgico en el que se mueven los personajes.

La acción –siempre muy medida– y la intriga no decaen en ningún momento, y los espacios narrativos resultan muy variados, desde la geografía casi desértica de Marte-II hasta la urbe futurista de Hithor, plagada de transeúntes ociosos, aceras deslizantes y vehículos magnéticos. Allí, en el planeta Hithor, se desarrollará la parte más admirable de la novela, dentro de un tenebroso presidio con una enorme rueda, movida por los condenados, que da energía a toda la capital del planeta. También es digna de recordar la parte final de la historia, ya en Marte-II, con el nacimiento de un río subterráneo que arruinará los planes del ambicioso Wolf Durdeen y de sus ayudantes y convertirá grandes zonas del planeta en un auténtico vergel.

Quizás el inconveniente –la verdad que poco importa– que más repercute en su trama es que la novela roza, en muchas ocasiones, la iconografía del western. El problema no es que lo podamos considerar un western espacial, que en muchos sentidos lo es; la traba surge en el momento que conseguimos trasladar sin esfuerzo muchas de las situaciones de su argumento a la iconografía aludida solo escribiendo, por ejemplo, siglo XIX en vez de siglo XXII y California en vez de Marte-II o Hithor. Esta circunstancia, a mi entender, lastra la narración hacia el estereotipo. Al igual que la mayoría de sus personajes, sin evolución psicológica, que son meros arquetipos. Pero esto sucede en gran parte de la obra de ciencia ficción de García Lecha y es, en verdad, fácil de olvidar.

En mi calificación del 1 al 5 la puntúo con un 3.

Luis Ángel Lobato