Colección Doble Juego, de Ceres/Bruguera

DOBLE JUEGO

Ceres / Bruguera

Colección creada por Ediciones Ceres, dedicada a la temática del deporte, pero por lo general enclaustrada en tramas criminales o de aventuras. Cuando desapareció Ceres, filial de Bruguera, siguió editándose bajo esa editorial, y siguiendo la numeración. Aparecieron 86 números, entre marzo de 1982 y noviembre de 1983.

Agradecimientos a Ishcar Lasombra, en el apartado técnico
y a Francisco Moraleja por la aportación de datos.

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01 El traspaso Alex Simmons
02 La gloria o la muerte Lou Carrigan
03 El doble rostro del deporte Rocco Sarto
04 Derby Curtis Garland
05 Carrera hacia la muerte Alan Parker
06 Camino a la olimpiada Alex Simmons
07 Con los guantes por delante Joseph Berna
08 El desafío Rocco Sarto
09 Drogas y– ¡gol! Alan Parker
10 El makimono Lou Carrigan
11 A brazo partido Lucky Marty
12 ¡En guardia! Alex Simmons
13 Duelo entre delfines Joseph Berna
14 Tiradores de élite Lou Carrigan
15 Con la muerte en los puños Sven Martz
16 La gran jugada Lucky Marty
17 El aliento del kiai Lou Carrigan
18 Competencia mortal Rocco Sarto
19 Rivales en la delantera Alex Simmons
20 El testigo Elliot Dooley
21 Su primer tongo Lucky Marty
22 Cada hoyo un muerto Alan Parker
23 París-Dakar, rallye de muerte Curtis Garland
24 Match-ball Lou Carrigan
25 Juego sucio Alex Simmons
26 Carne de ring Lucky Marty
27 Inmersión peligrosa Red Walker
28 La pareja invencible Joseph Berna
29 El último tanto Alex Simmons
30 El tour de la droga Alan Parker
31 ¡Penalty! Curtis Garland
32 ¡A todo gas! Lucky Marty
33 La flecha humana Joseph Berna
34 Dopping Elliot Dooley
35 Golpe a traición Alex Simmons
36 El bólido rojo Burton Hare
37 Pánico en la cancha Adolfo Quibus
38 La raqueta de oro Joseph Berna
39 Poker de ases Lucky Marty
40 Máscara de oro Alan Parker
41 Vuelo sin retorno Rocco Sarto
42 ¡Ganador! Alex Simmons
43 Ídolo de barro Lucky Marty
44 Manos vacías Lem Ryan
45 La apuesta era la vida George Sound
46 El terror de los estadios Joseph Berna
47 Sangre, oro y ¡gloria! Lucky Marty
48 Asesinato en el hipódromo Alan Parker
49 Ocho bajo par George Sound
50 Falso campeón Lucky Marty
51 Indulto en la plaza Alex Simmons
52 La pareja más completa Lou Carrigan
53 La mordedura de la serpiente Lem Ryan
54 Te haré besar la lona Alex Simmons
55 El as italiano Joseph Berna
56 Lucha hasta el fin Lucky Marty
57 Ringo Curtis Garland
58 Historia de un crack Lem Ryan
59 Golpea fuerte, Roger Adolfo Quibus
60 Rebote fatídico Adolfo Quibus
61 Locura púrpura Curtis Garland
62 La lesión Lem Ryan
63 El rey del basquet Joseph Berna
64 K.O. mortal Alan Parker
65 Contraataque fulminante Adolfo Quibus
66 Infierno de bambú Curtis Garland
67 Las zarpas de un gato Lem Ryan
68 Isla de la Calavera Curtis Garland
69 Viraje mortal Adolfo Quibus
70 Touché Lem Ryan
71 La noche de “La Cobra” Curtis Garland
72 Raqueta de oro Lucky Marty
73 Masacre en el béisbol Adolfo Quibus
74 Cinco discos de jade Curtis Garland
75 La carrera de la muerte Joseph Berna
76 Kárate sanguinario George Sound
77 El asesino del césped Lem Ryan
78 Ajedrez de terror Curtis Garland
79 Trampa para un campeón Joseph Lewis
80 La novia del karateca Joseph Berna
81 Muerte en el circuito Alan Parker
82 ¿Por qué lloras, campeón? Lucky Marty
83 La senda de la espada Lem Ryan
84 Los gigantes de la ruta Adolfo Quibus
85 Tragedia en Wembley Thomas Lower
86 Marcaje al hombre Frank Caudett
87 Pentlaton mortal Lou Carrigan

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“La rebelión de los espectros”, de Kelltom McIntire

La rebelión de los espectros; por Kelltom McIntire [José León Domínguez Martínez]; ilustración de la cubierta, Jorge Sampere. Barcelona: Editorial Bruguera, 1977. Colección: Selección Terror; nº 232.

  • Género – materia: terror – ciencia ficción – intriga – científicos locos – animales mutados – muertos vivientes.

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Kelltom McIntire es uno de los escritores más interesantes de bolsilibros, pero tengo la impresión de que no está muy valorado. No es que reciba críticas negativas, e incluso alguna de sus obras puede que tenga valoraciones óptimas, pero no existe un consenso en considerar globalmente sus creaciones como algo positivo dentro de los cánones de este tipo de publicaciones. Es de lamentar que esta novela no consiga que cambie esa imagen, pues no es precisamente de lo mejor que escribiera.

El estilo es desmañado, mecánico y poco elaborado, con frases cortas y descripciones en exceso sucintas, y se exponen comportamientos de los personajes que resultan algo absurdos, como la estupidez del jefe de policía, que no entiende decisiones obvias de su subalterno, o que el propio jefe de policía tema que su agente muera de miedo por pasar una noche en la Morgue. El primer tercio de la novela no puede considerarse sino mediocre. Más adelante, a medida que progresa la trama, lo desquiciado de esta hace que resulte agradable de seguir, dado que queda inmersa en un tono totalmente pulp, con un científico loco que ríe a carcajadas y que resucita a los muertos, y a otro le extrae el cerebro para implantárselo a un gorila, quien hablará con suma educación, aunque con voz gangosa. A todo esto, el mono protagoniza un momento desternillante, cuando el protagonista exclama: «¡El gorila! ¡Se escapa conduciendo el coche-patrulla!»

En suma, no de las novelas a recordar de José León Domínguez Martínez, pero si se logra superar ese primer tercio, la diversión está asegurada.

Carlos Díaz Maroto

“Vagabundos del espacio”, de Adam Surray

Vagabundos del espacio; por Adam Surray [José López García]; autoría de la ilustración: Salvador Fabá. Barcelona: Editorial Bruguera, 1976. Colección: La Conquista del Espacio; nº 307

  • Materias: viajes espaciales – especies alienígenas – sociedades totalitarias.

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Cuatro presos políticos (tres hombres y una mujer) consiguen fugarse, tras un motín, de la base Prisión Lunar-Uno en la nave interestelar Starlight con el fin de escapar del tiránico y racista –la raza negra ha sido exterminada– gobierno terrestre, Gran Triunvirato, y de encontrar un planeta habitable donde iniciar una nueva vida.

Pero antes de emprender ese viaje a través de las estrellas a velocidades supralumínicas, deciden visitar algunos planetas del Sistema Solar –donde transcurre la totalidad de la trama–, por si en alguno de ellos pueden hallar un nuevo hogar más cercano. Marte, Mercurio y Venus serán los elegidos. Y en cada uno de ellos se desencadenará el terror y la tragedia.

Marte –donde se enviaron expediciones tripuladas con las que se perdió todo contacto– es un planeta poblado, en un fabuloso entramado de galerías subterráneas, por horribles seres antropomorfos con todas las cualidades de los topos.

En Mercurio habitan extrañas criaturas aéreas formadas por un extraño plasma ígneo que asolan la superficie de la zona crepuscular del planeta, en la que viven algunos animales pacíficos.

En Venus –sondas terrestres no tripuladas ya se posaron en su superficie años atrás– ofrece una civilización desarrollada. Pero existe un terrible problema: esa sociedad, tecnológicamente inferior a la terrestre, es una copia de la creada por el Gran Triunvirato, aunque con una notable diferencia: los gobernantes venusianos han eliminado a todos sus habitantes blancos y el planeta solo está ocupado por hombres y mujeres de raza negra. Y ahora tienen la intención de extraer todos los datos posibles de los cerebros de los protagonistas para invadir la Tierra con la nave Starlight y acabar con los humanos blancos.

Adam Surray, con su particular estilo, simple, alejado de cualquier pincelada ornamental, nos otorga una sencilla y amena novela donde lo primordial, a mi modo de ver, es su mirada narrativa, seca y cortante, dando la sensación al lector de estar contemplando una película sobre sociedades extraterrestres en la que los personajes –un poco difusos– y sus aventuras –con alguna ingenuidad– sirven como hilván de las visitas a cada planeta mencionado.

Nos encontramos, pues, ante un agradable relato que contiene suficientes elementos para que su lectura resulte toda una diversión, asunto que su autor consigue, generalmente, con creces, especialmente en novelas como Hombres de goma, Perispíritu o Visitantes del futuro, su obra cumbre, para mí, en la colección «La Conquista del Espacio».

En mi calificación del 1 al 5 la puntúo con un 3.

Luis Ángel Lobato Valdés

 

 

“Propiedad del diablo”, de Clark Carrados

Propiedad del diablo; por Clark Carrados [Luis García Lecha]; ilustración de la cubierta, Alberto Pujolar. Barcelona: Editorial Bruguera, 1973. Colección: Selección Terror; nº 5.

Género – materia: terror – control mental – vampirismo.

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Primera novela publicada de Clark Carrados en la colección «Selección Terror», que muestra una estructura dramática que después el autor reutilizaría en no pocas ocasiones dentro de la misma, fuera cual fuese después el enfoque temático que usara. En esta ocasión, tenemos a una muchacha, Dinorah, que pasa unas pocas horas en una inquietante población del sur de Estados Unidos, Payneville, donde percibe un comportamiento frío y distante por parte de sus habitantes; una camarera, con todo, le advierte que abandone el lugar, que es «propiedad del diablo».

Poco después, al lugar llegará un detective privado, Donald Creys, en busca de un colega que ha desaparecido tras dirigirse a la localidad. Y al poco reaparece Dinorah  -aunque aseguró que jamás volvería-, enviada allí por su revista. Juntos investigarán el extraño caso del control mental al que están sometidos los habitantes, la criatura monstruosa que parece morar en un pantano y la extraña actitud de los habitantes de un caserón cercano.

Como es norma en Carrados, el tono es ligero, muy ligero, ofrece una redacción descuidada, a tal punto que hay varios fallos de continuidad, y no busca en momento alguno crear una atmósfera de inquietud, más que nada porque no estaba capacitado para ello. Así pues, se sigue una intriga muy elemental, donde todo es previsible desde el inicio, o incluso antes, y apenas logra mantener el interés de una lectura muy plana. El resultado es una entrega menor de la colección, que además al final desbarata toda la intriga terrorífica para convertirla en una mera trama policial, la clásica resolución a lo Scooby-Doo. Por señalar algún punto positivo, referir lo atractivo del título, después descompensado por el contenido.

Carlos Díaz Maroto

 

“Mutaciones infinitas”, de Lou Carrigan

Mutaciones infinitas; por Lou Carrigan [Antonio Vera Ramírez]; ilustración de la portada, Enrique Martín. Barcelona: Editorial Bruguera, 1982. Colección: La Conquista Del Espacio Extra; nº 7.

  • Género – materia: ciencia ficción – suspense – mutantes – extraterrestres

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Es este un bolsilibro inquietante debido al planteamiento que, en un momento de la narración, uno de los personajes principales deduce: ¿somos nosotros mutaciones venidas quizás de otro planeta? Esta es la esencia que he sacado al leer este bolsilibro que, aunque encuadrado en una colección de ciencia ficción, creo que merecería estar en el suspense psicológico.

Se trata de una nave espacial que es absorbida por un cuerpo extraterrestre de origen desconocido que, después de este hecho, impacta en nuestro planeta y se desgaja en múltiples pedazos que simulan un “bollo”, expresión esta que me ha causado mucha gracia, pues a este bollo se le bautiza con el nombre de “Mammy”, dentro de la cual se escucha un inquietante sonido, como de piar de multitud de pájaros… Y aparece gente asesinada, y “Mammy” da a luz, y aparecen científicos y policías muy peculiares…

 Creo que este es, como dije, uno de los bolsilibros más peculiares que he leído, porque no cae en demasiados tópicos del género. Y reitero  una vez más y concluyo la propuesta tan inquietante que nos hace dentro de sus páginas.

Andrés Ramón Pérez Blanco

 

“El planeta de las células” de Marcus Sidereo

El planeta de las células; por Marcus Sidereo [María Victoria Rodoreda]; autoría de la ilustración: Antonio Bernal. Barcelona: Editorial Bruguera, 1976. Colección: La Conquista del Espacio; nº 288.

  • Materias: Mundos extraños – Holocaustos planetarios – Miniaturización – Robots asesinos – Misterio.

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Una de las más brillantes novelas de Marcus Sidereo dentro de la colección «La Conquista del Espacio». Al igual que sucede en otros de sus títulos cumbres como El límite, Plasma viviente o Cementerio espacial, una vívida mezcla de ciencia ficción y  misterio con toques de terror inunda sus páginas.

Tres astronautas, perdidos en un desolado planeta cubierto por un inmenso desierto, encuentran lo que parece ser un trozo de mástil metálico emergiendo de la arena. Con el tiempo, una vez despejado el entorno, comprueban que  se trata de la gigantesca aguja de un edificio enterrado. Y, a través de una oquedad abierta en la inmensa base de esa edificación, los tres hombres penetran en su   interior, recorriendo sus oscuras plantas y recintos, hasta descubrir la alucinante realidad: el planeta fue cubierto de arena por una cataclismo atmosférico; sus habitantes eran gigantes con forma humanoide que fueron disminuidos por dos científicos, hasta alcanzar el tamaño de células, para poder sobrevivir; unos ciclópeos robots construyeron todo un entramado subterráneo antes de que sus pobladores fuesen convertidos en células; y esos robots recibieron la orden, por parte de uno de los científicos, de exterminar cualquier forma de vida ajena al planeta.  Así, los tres viajeros siderales están condenados a una muerte casi segura.

No añadiré más que estas breves pinceladas descriptivas para no desentrañar la atractiva e intensa trama de la narración, dejando que el lector se deleite con esta aventura.

Con una atmósfera cargada de suspense, unos personajes bien definidos y un ritmo narrativo ágil, trepidante por momentos, y continuo, la novela, en la que brilla su espíritu claustrofóbico y casi terrorífico, va desvelando los secretos argumentales paso a paso, entre escenas cargadas de tensión, sin que se sospeche, con certeza, lo que sucederá más adelante.

El clima es de asombro, de una rara sensación onírica, involucrándonos en cada página –lo que es de agradecer en una autora que no suele conseguirlo siempre– con acontecimientos imprevistos y muy bien ejecutados.

Y, al final, en la conclusión, cuando los protagonistas viajan de nuevo hacia otro sistema estelar, aflora una sorpresa. Pero para averiguarla hay que leer, con sosiego, esta entretenida y estupenda historia.

En mi calificación del 1 al 5 la puntúo con un 4.

Luis Ángel Lobato Valdés

“El dragón volador” de Ralph Barby

El dragón volador; por Ralph Barby [Rafael Barberán]; autor de la portada, Segrelles. Barcelona: Editorial Bruguera, 1985. Colección: La conquista del espacio; nº 742.

  • Género – materia: ciencia ficción – fantasía – dragones – robots – mundos utópicos

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Una deliciosa y entrañable historia fantástica a cargo de uno de los autores más prolíficos del género, Rafael Barberán, quien en esta ocasión nos hace surcar los espacios exteriores de la mano de Lluny Flat, Roure y el simpático androide Nan, a bordo de la cosmonave Fura. Pronto dan con el sabio Lotus, el cual les encomienda la misión de arribar al planeta Torio, uno de los más pacíficos y en calma del universo, advirtiéndoles de las peligrosas intenciones de Volfram, el pirata galáctico.

Grandes aventuras nos aguardan a bordo de esta nave y de este bolsilibro, por medio de cantos a un mundo sin belicismo, ni odios, como paradoja de un mundo irreal, siempre fuera de este.

Me ha gustado mucho la trama, que resulta muy sencilla, efectista y efectiva, y está muy bien llevada y resuelta con la precipitación adecuada. Es, al menos así yo lo entendí, una pequeña gran fábula fantástico-espacial. Como antes puse, me ha parecido un delicioso y entrañable ejercicio, que siempre aporta frescura. Y no nos olvidemos del dragón que da título al texto, impresionante invención del sabio Lotus en Errabund, que es el nombre de su morada. Muy entretenido y un bálsamo para cuando tengan un día muy gris.

Andrés Ramón Pérez Blanco