“El yeti”, de Curtis Garland

El yeti; por Curtis Garland [Juan Gallardo Muñoz]; ilustración de la cubierta, Alberto Pujolar. Barcelona: Ed. Bruguera, 1975. Colección: Selección Terror; nº 117.

  • Reedición: Barcelona: Ed. B, 1992. Colección: Selección Terror; nº 33.
  • Materias: aventuras exóticas – mutaciones

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El yeti, también conocido como “el abominable hombre de las nieves”, es un ser mitológico que, se supone, habita en el Himalaya, en las regiones deshabitadas de Nepal, Tíbet y Bután. Amén de “yeti”, los indígenas de la zona también lo llaman “Meh-Teh” o “Mi-go”, entre otros términos, y se hizo popular en occidente hacia finales del siglo XIX, con las primeras expediciones de alpinismo a aquellos remotos lugares. El apelativo occidental fue implantado en 1921 por el teniente coronel Charles Howard-Bury, cuando, durante la llamada Expedición Británica de Reconocimiento del Monte Everest de 1921, descubrió unas huellas, y así lo hizo constar en el libro que se publicó en honor de tal expedición.

La primera película que se rodó sobre el “personaje” fue The Snow Creature (1954), dirigida por W. Lee Wilder, y en 1975 se estrenó el film español La maldición de la bestia, con dirección de Miguel Iglesias Bonns, donde se unía a esa criatura con el hombre lobo interpretado y creado por Jacinto Molina-Paul Naschy.

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Precisamente de ese mismo año es esta novela de Curtis Garland centrada en tan enigmático ente. Comoquiera que transcurre en el Himalaya, el autor, cinéfilo voraz, hace constantes alusiones a Horizontes perdidos, la novela de James Hilton de 1933 y/o la película derivada de esta obra de Frank Capra en 1937. De hecho, el flash-back narrado en esta obra tiene un tono muy similar a lo narrado por Hilton, describiendo el vagar por la zona de modo parecido, solo que metiendo de por medio al yeti.

De hecho, la novela en su totalidad entre más de lleno dentro del género de aventuras exóticas que dentro del terror fantástico, siendo la intervención del referido yeti, pese a su nombre dar título a la novela, bien escasa, con una aparición de escasas páginas dentro de la totalidad, aunque su “presencia” se perciba a lo largo de muchos momentos, creando una atmósfera interesante.

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Salvo por el referido flash-back, en resto de la novela está narrado en primera persona por un guía profesional, que es contratado por un hombre después de que su esposa e hija desaparecieran en el Himalaya, tras el ataque de un supuesto yeti a los sherpas que los acompañaban. La aventura es larga, a la cual se irán añadiendo personajes, y no puede decirse que la presente sea una de las mejores novelas de Garland, si bien está narrada con solvencia y profesionalidad, y ese aire levemente minimalista le otorga cierto atractivo.

Como anécdota añadamos algo que el lector ya habría distinguido por las imágenes: la novela fue reeditada de nuevo en la nueva colección homónima creada por Ediciones B, y en esta ocasión hasta repitió la excelente portada dibujada en su tiempo por Alberto Pujolar, y que para reproducir a la criatura hace uso del mítico King Kong de la película de Ernest B. Schoedsack y Merian C. Cooper que puede distinguirse aquí mismo.

Carlos Díaz Maroto

“Sangre bajo la luna”, de Lem Ryan

Sangre bajo la luna, por Lem Ryan [Francisco Javier Miguel Gómez]; ilustración de cubierta, Lozano. Editorial Bruguera: Barcelona, 1984. Colección: Selección Terror; n.º 587.

Materias: licantropía – literatura noir

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Con una extrema juventud, solo diecisiete años, Lem Ryan fue la última incorporación al plantel de profesionales de la pluma que alimentaban la factoría de bolsilibros de la Editorial Bruguera. Al contrario que muchos escritores de generaciones anteriores, que saltaban de género según las necesidades del mercado y se lanzaban a redactar aventuras espaciales sin haber leído de ciencia ficción otra cosa que un puñado de novelas de Verne o visto más películas que el puñado de producciones de serie B que llegaban a nuestras pantallas, Lem Ryan tenía una marcada predilección por el fantástico —Ángel Torres Quesada (A. Thorkent) sería otro ejemplo de autor vocacional—. Incluso, cuando requerimientos editoriales le impusieron pergeñar una narración del oeste, supo apañárselas para convertirla en una historia de vampiros. Había crecido con filmes del género que se convirtieron en éxitos de taquilla en la década de los setenta y primeros años ochenta, y había devorado cuanta literatura fantástica cayó en sus manos, poblando sus futuras historias de referentes —Lovecraft y Robert E. Howard son palmarios en muchos de sus títulos— de los que carecían algunos de sus colegas.

 Sangre bajo la luna fue su única contribución a la colección Selección Terror, aunque elementos sobrenaturales podemos encontrar en otras de sus novelas escritas para Héroes del Espacio, en clave de fantasía heroica, y fusionó horror y ciencia ficción en diversos títulos de esa misma cabecera. Nos encontramos aquí con un ex policía convertido en detective privado, Roerich —¿Homenaje el pintor citado por Lovecraft en En las montañas de la locura?—, que sigue los cánones establecidos en la ficción con sus problemas económicos, un pasado de conflictos con sus superiores, durmiendo en un despacho atestado y enamorando a una despampanante secretaria, entre otras beldades. Un obeso millonario, Ashton —¿Por Clark Ashton Smith?—, le encarga la búsqueda de su hija desaparecida —¿Chinatown?—. Paralelamente, un lobo está convirtiendo los oscuros callejones de Nueva York en un matadero, durante incursiones nocturnas cuya verdadera naturaleza las autoridades se esfuerzan por ocultar.

Como puede imaginarse, estamos ante una novela sobre el tema de la licantropía, cuando todavía estaban muy recientes en la memoria tres títulos referenciales que reinterpretaban el mito bajo una óptica moderna: Lobos humanos, Aullidos y Un hombre lobo americano en Londres, todas ellas de 1981. El licántropo de Lem Ryan está lejos del antropoide piloso fijado en las películas clásicas de la Universal. De un modo más acorde con las leyendas, con Lobos humanos y con las pocas manifestaciones literarias, estamos ante un humano que adopta forma animal, más inteligente, feroz e implacable sin dejar de ser un cánido, y que ya no es el alma solitaria condenada por un maldición, sino orgullosa de su naturaleza y parte de una manada que actúa en conjunto.

Con una prosa sobrecargada de adjetivos, algo frecuente en los escritores debutantes, se esfuerza por crear atmósfera, intento que en bastantes momentos consigue, pese algunos excesos, entendiendo muy bien que el escalofrío no depende tanto del qué se cuenta sino del cómo se cuenta, que envolver al lector en un clima adecuado es fundamental para la eficacia de la narración fantástica. La trama, aunque acaba por desembocar en cauces previsibles, se sigue con interés e incluso intriga, alejando al lector de un consumo rutinario. Merece subrayar su final desesperanzado, nada común en un tipo de literatura proclive a los happy ends. Acaso llama la atención puntualmente un cierto tono conservador, más fácil de observar en escritores de la vieja guardia. En un autor tan joven parece extraño leer frases como la siguiente, describiendo a unos moteros que acabarán masacrados: «No formaban parte de esa juventud envidiable que busca la sana diversión y la alegría de vivir pese a las adversidades, sino más bien la escoria en que se ceban los males de una sociedad corrompida, el lado oscuro de un espejo que siempre tenemos delante». Por lo que nos cuenta la novela, no han cometido mayor pecado que practicar el amor libre y consumir drogas. Supondremos, entonces, otras maldades fuera de escena o el influjo de directrices editoriales, porque si esto lo hubiera redactado un escritor en los días de gloria de José María Pemán habría sonado más acorde.

De cualquier modo, son breves notas disonantes en una composición bastante acertada, que podría haberse mejorado sin la aceleración narrativa obligatoria en el formato. Se echa en falta, por ejemplo, un mayor desarrollo en algunas situaciones, como la entrevista entre el millonario y el detective al inicio, o algunas escenas de transición que convirtieran en menos fortuitos o caprichosos ciertos acontecimientos. Noventa páginas de pequeño tamaño imponen tiranías; pero tal concisión también forma parte del encanto del bolsilibro.

Fue una lástima que la debacle de la Editorial Bruguera, arrastrando consigo al mercado de la novela para el quiosco, cercenase demasiado pronto una carrera que se adivinaba prometedora. Se trataba de un autor de talento, con personalidad propia e identificable, lleno de ambición y deseos de hacer bien su trabajo, que podría haber llegado a producir muchos títulos memorables. Algunos de los publicados ya lo son, de hecho, al arrancarse de los moldes más frecuentes y atreverse a explorar caminos diferentes a los que otros escritores de la casa frecuentaban. Más de veinte años tardaría Lem Ryan en regresar a las letras; pero estaba ya en un mundo editorial muy diferente y su obra habría de sufrir una inevitable transformación.

Armando Boix

“Jack el Destripador”, de Curtis Garland

Jack el Destripador; por Curtis Garland; edición de Alberto López Aroca; prólogo de Andrés Peláez Díaz; ilustración de la cubierta: Sergio Bleda. Madrid: Academia de Mitología Creativa “Jules Verne”, 2016.

  • Materias: psycho-killer – Jack el Destripador – Inglaterra victoriana

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Estamos ante el tocho Aroca, como es conocido este estupendo y muy bien trabajado volumen, compuesto por un magnífico, antológico prólogo de Andrés Peláez Díaz que precede a la mejor antología jamás realizada en este Estado sobre, por y para la figura de Jack el Destripador, tomando como base las novelas que sobre este personaje escribió el Maestro del Bolsilibro, ergo Curtis Garland, el grandísimo Juan Gallardo Muñoz, autor al que venero, pues imprescindibles son todas sus obras y todo lo que se haga por recuperar sus escritos es poco. Sueño yo con que algún día alguna editorial con posibles y valiente edite la Biblioteca Completa Curtis Garland con todo su material, todas sus obras completas. ¿Os imagináis? Soñar sigue siendo gratis…

Ensoñaciones aparte, nos encontramos ante una obra con una edición excelente, realizada con todo el amor posible. Es de esos libros que son muchísimo más que un libro. Por muchos motivos y razones.

La magna obra comprende la nada desdeñable cifra de seis bolsilibros y un reportaje novelado cuyos títulos y sinopsis desgranamos a continuación:

crimenes

  • “JACK EL DESTRIPADOR”

Es el reportaje novelado. Una hábil mezcla entre una crónica periodística y hábiles diálogos, representa el mejor aperitivo para este tomo.

manuscrito

  • “EL MANUSCRITO DEL DESTRIPADOR”

Joya de los bolsilibros. Un misterioso manuscrito desata una serie de asesinatos en la segunda mitad del siglo XX, y varias generaciones después el nieto descubre que su abuelo pudiera ser el famoso Destripador. Una de las mejores obras que contiene este volumen, con esa tipografía tan bien lograda en los manuscritos. Otro acierto de esta obra.

niebla

  • “NIEBLA EN WHITECHAPEL”.

La dualidad de dos jóvenes habitantes del popular barrio londinense y muertes de prostitutas nos llevan por un laberintico camino a un sorprendente final.

seda

  • “SEDA Y NIEBLA PARA EL ASESINO”.

En esta ocasión la seda roja es la espita que despierta el ansia asesina en quien menos se espera, que es el asesino. Con ese toque Garland que tanto nos gusta.

londres

  • “LONDRES 1888”.

Inencontrable bolsilibro que tenemos la ocasión de disfrutar gracias al antólogo que ha tenido a bien incluirlo. Sangre a raudales.

yo

  • “YO, EL DESTRIPADOR”.

Dedicado a un socio de A.C.H.A.B., de lo cual me enorgullezco. Brillante ejercicio, destacando el carácter de las cartas autografiadas por nuestro asesino favorito.

vuelve

  • “VUELVE JACK EL DESTRIPADOR”.

Cierre del volumen con este título que nos devuelve de nuevo a los horrores de Londres a años vista de la desaparición de Jack. Muy gore y con toques bizarros. También es uno de los títulos que más me ha gustado.

Ya para terminar decir que si no te has hecho con este tochaco no pierdas el tiempo más, ahorra unos eurillos e inviértelos en este gran libro. Sublime Garland. No te vas a arrepentir.

Andrés Ramón Pérez Blanco

“Diamantes en bruto” de Adolf Quibus

Diamantes en bruto; por Adolf Quibus [Adolfo Quibus García];  ilustración de la cubierta, Sempere. Barcelona: Editorial Bruguera, enero 1984. Colección: Tam-Tam; nº 79.

  • Materias: Naufragios – islas perdidas – yacimientos de diamantes.

Quibus copia

 Si hay algo que caracteriza a los bolsilibros de Adolf Quibus es su cualidad coral. Jamás pasó tanto en tan pocas páginas. A lo largo de estas y desde el comienzo de la obra te vas metiendo en una espiral aventurera que no te deja escapar hasta su casi siempre —como en la práctica totalidad de los bolsilibros en general—abrupto final, en general con un beso romántico (ponga FIN), o el tímido inicio de un idílico romance. Eso tampoco falla en los bolsis de Quibus.

Vámonos ya, que para luego es tarde… Mike Newman en un barco anti naufragios que acaba naufragando. Creyéndose único superviviente, enseguida se encuentra con dos compañeros de fatigas: Tim Hollins, joven y locuaz, y Sugar Ray, más taciturno y pesimista que ambos. De pronto Sugar Ray desaparece. De súbito, la aventura, el desafío, el cambio de ritmo dentro de la historia. Se descubre que la isla no está deshabitada, sino que existe en ella una oculta ciudad; conocemos al despiadado Sir Thomas, eminente científico, el descubrir que la isla es un yacimiento de diamantes en bruto, la rebelión de Tim, el encierro, el abrupto encuentro con Noemí, una hembra de infarto (ya sabemos que en todos los bolsis sólo hay mujeres de bandera). Mil aventuras más con Noemí…. Arf, arf… Déjenme respirar, ya que el bolsilibro no te deja.

Otra vuelta de tuerca y nos encontramos con una reina blanca y hambrienta de sexo que deja a Mike extenuado… Otro giro y en una de estas la reina Tamira (pues Tamira es su nombre) muere en un ataque perpetrado por los monos gigantes de Samar, el gran brujo de la diosa Kali, a quién deben sacrificarse vírgenes… Aparición milagrosa de Noemí y del infortunado Sugar Ray… La virginidad de Noemí se pierde por el camino a fin de no ser merienda para Kali y gran traca fin de fiestas con boda y todo.

Bolsilibro este muy entretenido, de fácil y ágil lectura, con capítulos cortos e intensos, sin otra pretensión que la de evadirnos de lo que nos rodea, que eso sí que es una aventura…

Andrés Ramón Pérez Blanco

“Sesión continua”, cuatro novelas de Curtis Garland, por A.C.H.A.B.

A.C.H.A.B. –Asociación Cultural Hispanoamericana de Amigos del Bolsilibro– va a sacar a la luz en breve un interesante y grueso volumen, compuesto por cuatro novelas escritas por Juan Gallardo Muñoz, más conocido como Curtis Garland, gracias al acuerdo establecido con la hija del autor, Mercedes Gallardo.

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El volumen responde al título de Sesión continua, y se trata de un tomo recopilatorio, de más de 350 páginas, con cuatro títulos que escribió Garland, y que tienen sus símiles en la pantalla grande, sea por ser directamente el guionista (o co-guionista), por estar basado en sus novelas o, simplemente, y sin autorización, se tomó una idea suya para el guion.

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Para la portada se cuenta, de nuevo, con la colaboración magistral de Pejo Ide, portadista de la primera publicación de la asociación, El Carnicero de Montmartre, otra novela de Garland.

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Para conseguir un ejemplar se puede uno hacer socio de la agrupación, o bien simpatizante. Más información en: http://amigosdelbolsilibro.blogspot.com.es/

 

“Él detendrá el mundo”, de Don Harris / Johnny Garland

Él detendrá el mundo; por Johnny Garland [Juan Gallardo Muñoz]; ilustración de la cubierta, J. Fernández. Barcelona: Toray, 1960. Colección: Espacio – El mundo futuro; nº 229.

Reedición: Él detendrá el mundo; por Don Harris. Pinto (Madrid): Andina, 1984. Colección: Galaxia 2001; nº 343.

  • Materias: civilización futura – teletransporte – extraterrestres – invasiones – megalómanos

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No recordaba que Don Harris era uno de los múltiples seudónimos de Juan Gallardo Muñoz. Así que cuando me tocó el turno de empezar la lectura de otro bolsilibro, para disfrutar de él y, después, hacer la pertinente reseña en este blog, tomé este mismo con la idea de abordar a un nuevo autor y aportar variedad. Cuál no sería mi sorpresa cuando, después de leer las dos o tres páginas iniciales, pensé: “Este es Curtis Garland”. Una vez acudo a La Tercera Fundación para confirmar mi sospecha descubro que mi olfato no me había engañado. Además, la copia que tengo procede de la reedición, y la novela original fue escrita en 1960, por lo que, a medida que leo, me topo con una historia inmersa en un ambiente pulp de lo más embelesador.

La novela se inicia con un prólogo que plantea una situación. En el capítulo primero retrocedemos, para verse cómo se llegó a ese fin, y se plantean dos situaciones que no parecen tener mucho que ver con ese prólogo. Una de ellas, al final, es mero relleno, aunque sirve para describir al protagonista; la otra es el meollo de todo.

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Otras novelas de Gallardo de la época me parecían que mostraban aún cierta inmadurez narrativa. No sucede así con esta, que resulta de lo más gozosa. Los personajes están muy bien perfilados, y el tono de literatura pulp está muy conseguido, a tal punto que da la impresión de estar leyendo algo de Jack Williamson o de Edmond Hamilton. Hay mucha variedad argumental -añadido a ese “interludio” referido, que incrusta una segunda mini-historia en la general-, y no aburre en momento alguno, principal “misión” de este tipo de obras.

Haciendo un rápido resumen sin destripar demasiado, comentemos que la acción tiene lugar en una sociedad futura donde los delincuentes son destinados a un satélite de castigo. Un criminal es conducido allí, pero logra escapar y lanzar un ultimátum a la Tierra. Es evidente que a Curtis le influyó la película de Robert Wise, tanto en su título español como el original (The Day the Earth Stood Still, esto es, algo así como “El día que la Tierra se paralizó”), aunque ha de decirse que aprovecha, literalmente, el sentido de los títulos, sin más puntos en común con esa obra maestra de la ciencia ficción fílmica.

Una entrañable entrega de space-opera, pues, que merece la pena leer. Preferible si se consigue la edición original, pues la portada ofrecer más posibilidades para potenciar el sense of wonder.

Carlos Díaz Maroto