“Miedo en el Oriente Expres”, por Curtis Garland

Miedo en el Oriente Expres, de Curtis Garland [Juan Gallardo Muñoz]. Barcelona: Editorial Bruguera, 1984. Colección: Selección Terror; nº 583.

Materias: Clima claustrofóbico – psycho-killer – intriga histórica.

untitled

Ya hemos hablado con anterioridad acerca de las influencias cinéfilas en la literatura de bolsilibro de Juan Gallardo Muñoz. Por lo general, se trataba de alusiones a las producciones de terror de la Universal y, sobre todo, las de la Hammer. En Miedo en el Oriente Expres esa influencia se amplía hasta abordar nuestro, por lo general, paupérrimo cine fantástico español.

Como el lector adivinará por el título, existe una obvia alusión a Agatha Christie y su Asesinato en el Orient Express (Murder on the Orient Express, 1934), e incluso tenemos un émulo de Hercule Poirot, aquí un inspector alemán llamado Heinzel. Pero, sobre todo, la máxima influencia es la estupenda co-producción cinematográfica entre España e Inglaterra Pánico en el transiberiano / Horror Express (1972), de Eugenio Martín; así, hasta disponemos de la confluencia en el tren de aristócratas rusos y una caja en el compartimento de equipajes de misterioso contenido.

Pero, como era habitual en Curtis Garland, todos esos guiños le servían como punto de partida para luego tomar otro rumbo diferente. Lo mejor de la novela es la ambientación histórica que detenta: ambientada en 1910, deja vislumbrar el clima de preguerra que asolaba la Europa de aquel entonces, y el tren sirve de microcosmos para congregar una fauna humana que representa las diferentes nacionalidades así como los distintos caracteres ideológicos y morales. Dentro de ese entorno, se suceden diversos acontecimientos, desde atentados políticos, asesinatos misteriosos y la presencia de una misteriosa dama de blanco vagando por los pasillos del ferrocarril, diríase una resucitada cubierta con su velo mortuorio.

Poco más puedo añadir para no desvelar la intriga que se sucede, con, por supuesto, sorpresa final. No es de las mejores de Garland, pero vale la pena leerla.

Carlos Díaz Maroto

“El hombre que vino del año 5.000”, de Keith Luger

El hombre que vino del año 5.000, por Keith Luger [Miguel Oliveros Tovar]; ilustración de la cubierta, José Triay. Barcelona: Editorial Bruguera, abril 1971. Colección: La Conquista del Espacio; nº 37.

  • Materia: viajes temporales – civilizaciones matriarcales – futuros distópicos

lcde_01

El hombre que vino del año 5.000 es una de las novelas más antiguas de la colección “La Conquista del Espacio” (el nº 37, nada menos), y está escrita por Keith Luger, un autor caracterizado por su simpatía y desparpajo.

La presente entrega no pasará a la historia, desde luego, pero es de lectura rápida y grata, dejando a un lado su trasnochado machismo, que se acentúa en las páginas finales, cuando el protagonista teoriza sobre la mujer y sus anhelos de igualdad.

El referido protagonista padece cáncer. Cuando se retira a vivir sus últimos días a un lugar plácido, para dedicarse a pescar a la espera del fatal desenlace, salva la vida a un científico que resulta haber inventado una máquina del tiempo. En agradecimiento éste lo envía al año 5.000, con la confianza de que, en esa época, los avances médicos hayan logrado paliar la enfermedad. Lo que allí se encuentra es un matriarcado, con las mujeres mandando y los hombres encarcelados en cuevas, amén de estar degradados en diversos estadios de involución. Por supuesto, nuestro héroe es el más guapo y listo de todos, y las pérfidas hembras nada pueden con su apolínea capacidad de convicción.

El estilo es rápido, con párrafos muy breves y diálogos ágiles. Y todo resulta muy similar a determinadas películas de serie Z de los años cincuenta, en concreto Cat-Women of the Moon [DVD: Las mujeres gato de la Luna, 1953], de Arthur Hilton, y Queen of Outer Space [DVD: La reina del espacio exterior, 1958], de Edward Bernds. Incluso en un momento determinado las féminas del futuro son descritas con una iconografía muy propia de ese tipo de películas, y muy poco acorde con lo que se estilaba en los años setenta. ¿Vería Keith Luger alguna de esas películas en algún viaje al extranjero? Porque el caso es que en España jamás se vieron hasta las recientes ediciones en DVD por parte de L’Atelier XIII. Un misterio más del mundo de los bolsilibros.

Carlos Díaz Maroto

 

Listado de «La conquista del espacio» de Bruguera, actualizado

Hace unas semanas un lector -lamento no recordar quién fue- me sugirió una manera de mejorar la página: aprovechar los listados de colecciones publicados y poner link a los títulos reseñados. Dicho y hecho: aquí tenéis la primera de esas labores. El listado correspondiente a la colección «La conquista del espacio» de editorial Bruguera ahora ofrece links en todos los títulos con reseña (si pincháis en el propio título de la colección, aquí arriba, seréis remitidos a ella). Y a medida que publique nuevos, ese link se añadirá a la lista. Próximamente lo iré haciendo con otras colecciones, lo cual iré anunciando en cada momento. Espero que os guste esa novedad.

corregido

 

“La bella durmiente del espacio” de Ralph Barby

La bella durmiente del espacio; por Ralph Barby [Rafael Barberán Domínguez]; autor de la ilustración: Jorge Núñez. Barcelona: Editorial Bruguera, 1973. Colección “La Conquista del Espacio”; nº 164.

  • Materias: Viajes espaciales – Hibernación – Sociedades alienígenas – Telepatía.

fglñfd

 

Magnífica novela de Ralph Barby donde, con el estilo literario característico de su autor, vigoroso y pleno de dinamismo, se nos narra la historia de un astronauta terrestre que despierta de la hibernación en su astronave, ya en los límites del Sistema Solar, y es apresado por una especie alienígena, los sideriumenitas, que lo trasladan, desintegrándolo, a su planeta, para que despierte de su hibernación a otra cosmonauta de la Tierra, que llegó un siglo antes a ese mundo, para convertirla en un terrorífica entidad que engendre seres de la especie extraterrestre médicamente alterados y poder perpetuar así esa escalofriante sociedad.

Destaca, como en otras ocasiones, la recreación que hace Barby de los individuos de la especie alienígena: telépatas, mitad insectos y mitad mamíferos, con enormes ojos sin párpados y una boca en continua agitación para alimentarse de la turbia atmósfera, causa por la que no se han expandido por el espacio, teniendo que utilizar naves automáticas y que, tras una aparente actitud pacífica, esconden una aterradora realidad: crear híbridos entre humanos y sideriumenitas que no necesiten alimentarse de esa atmósfera y lograr salir con naves ya tripuladas a conquistar los planetas de la galaxia.

También merece una mención la descripción el planeta Siderium, con esa densa y opresiva atmósfera para los terrestres, con una superficie apenas habitada a causa de una pasada catástrofe y sin movimiento de rotación, lo que provoca dos zonas planetarias diferenciadas, la cálida y la polar (por ellas emprenden la huida nuestros dos protagonistas), y que guarda en su interior, altamente tecnológico, una intrincada red de vías, avenidas, laboratorios y diversos habitáculos donde residen, sin necesidad de salir al exterior, sus habitantes.

Una narración, en fin, llena de intriga y de aventura, que causará deleite en todos aquellos lectores que gusten de la buena ciencia ficción bolsilibresca. Para disfrutarla.

En mi calificación del 1 al 5 la puntúo con un 4.

Luis Ángel Lobato Valdés

“Invasión invisible”, de Lou Carrigan

Invasión invisible; por Lou Carrigan [Antonio Vera Ramírez]; ilustración de la cubierta, Salvador Fabá. Barcelona: Ed. Bruguera, diciembre 1984. Colección: Héroes del espacio; nº 225.

  • Reedición: Barcelona: Ed. B, 1994. Colección: La conquista del espacio; nº 54.

 

  • Materias: invasiones

5900347

Lou Carrigan es el seudónimo más popular de Antonio Vera Ramírez, quien también firmó como Milton Hamilton y Wilson Stonewall. Como Carrigan firmó muchas excelentes muestras del Oeste y policíacas, aportando a ambos géneros auténticas joyas. En este último, además, a veces hacía uso de un sentido del humor chispeante y fresco, que no trivializaba el resultado, sino que le aportaba una ligereza atractiva -véase su saga de Baby-.

Justo es reconocer que, dentro de los géneros del terror y la ciencia ficción no aportó obras tan válidas. En el primero de los citados, sus mejores títulos son aquellos que carecen de elementos fantásticos, y pueden encuadrarse más bien en la categoría del terror psicológico, o suspense. En cuanto a la ciencia ficción, en ocasiones, como es el caso que nos ocupa, también añade ese humor antes citado, sin bien en esta ocasión los resultados no son tan sólidos.

la-conquista-del-espacio-numero-

Invasión invisible comienza de un modo muy atractivo, casi como un episodio de Twilight Zone. Un avión procedente de Londres va con destino a Nueva York, pero cuando está a punto de llegar, tripulación y pasajeros descubren que la ciudad parece haber desaparecido. Luego resulta que no, no ha desaparecido, sino que está por completo a oscuras. Simultáneamente a esto se nos presenta al protagonista, un inteligente asesor de Unicef en asuntos para la infancia, de nacionalidad mexicana (quizás el único protagonista hispano de un bolsilibro de ciencia ficción), y que está intentando ligarse a una guapa y joven viuda millonaria que viaja en el mismo avión.

A partir de ahí se nos narran de forma paralela las dos historias, esto es, el misterio que rodea ese apagón, y en el que están implicados unos invasores invisibles, y el del guapo chicano y sus amores con la jovencita. Esos amoríos adquieren un tinte, sí, ligero, y toda la historia se tiñe de esa ligereza. De hecho, la trama de ciencia ficción es muy sencilla y, llegado un punto, adquiere un tono de desbarre que hace perder el norte por completo a la narración, llenándola además de incoherencias.

El resultado es uno de los peores bolsilibros de Lou Carrigan, pero, desde luego, no aburre, y es sumamente divertido. Pero viniendo de quien viene se espera uno algo más sólido.

Carlos Díaz Maroto

“Largo viaje hacia la nada” de Curtis Garland

Largo viaje hacia la nada; por Curtis Garland [Juan Gallardo Muñoz]; ilustración de la cubierta, Alberto Pujolar. Barcelona: Ed. Bruguera, 1974. Colección: La Conquista del Espacio; nº 201.

  • Materias: Mundo posnuclear – Refugios nucleares – Hibernación – Especies radioactivas telepáticas – Viaje espacial.

PORTADA-LARGO VIAJE HACIA LA NADA

Esta narración, es, sin duda, una de las mayores aportaciones de Garland a la colección LCDE, de la que solo daré unas pinceladas sueltas de su argumento para no destruir el factor sorpresa a los lectores que no hayan tenido aún la oportunidad de leerla.

Tras doscientos veinte años hibernado en un refugio nuclear, blindado y oculto, de una época futura, un hombre despierta y, durante siete años, pasa el tiempo en la mayor soledad dentro de ese refugio, esperando que las radiaciones de la ya lejana guerra desaparezcan para, al fin, poder salir de nuevo al exterior, a lo que él cree que será un planeta Tierra totalmente devastado y con mínimas posibilidades de que otros humanos hayan sobrevivido en algún otro habitáculo escondido. Pero todo cambia cuando los indicadores detectan que una forma de vida inteligente ha penetrado en su refugio inexpugnable.

Después, ya en el mundo exterior, Zero –así se hace llamar nuestro héroe– comprueba que nuevos seres terribles han evolucionado en ese mundo que fue radioactivo y que la estructura geológica de la Tierra ha sufrido convulsiones y le es totalmente extraña. El océano ha inundado las ciudades –comprueba cómo su ciudad, Nueva York, permanece sumergida– y nuevas tierras (islas) conforman la faz del planeta.

Y ya en una isla, junto a una de las especies supervivientes semejante a la suya, aparece un nuevo conflicto: una nave estelar terrestre, que partió siglos atrás, antes de la catástrofe bélica, hacia otro sistema estelar, ha retornado a la Tierra, pilotada por una mujer. Y esta mujer se halla ahora en peligro frente a las feroces criaturas radioactivas y con poderes telepáticos que habitan en el océano.

Narrada en primera persona, con personajes portadores de evolución psicológica y con acertados pasajes meditativos, la novela tiene una primera parte de inmensa calidad, mostrándonos las reflexiones del personaje principal en la soledad del refugio nuclear.

También adquiere alta categoría el suspense que produce en el lector la llegada al refugio del ser del exterior ante el estupor y el desasosiego del protagonista, creyendo que se trata de una entidad belicosa. Y, ante todo, el tenso y largo viaje submarino de esos dos personajes, en una pequeña nave, entre las ruinas sumergidas de lo que fue la ciudad de Nueva York.

Y todo rematado con una estupenda parte final, con la llegada de la nave sideral terrestre desde otro sistema planetario y el rescate de la astronauta de la superficie del mar, acosada por las feroces criaturas posnucleares.

En conclusión, una obra cumbre tanto en estilo literario como en la trama que no dejará indiferente a ningún amante de la ciencia ficción ni de la literatura en general, sea en bolsilibro o en cualquier otro formato.

En mi calificación del 1 al 5 la puntúo con un 5.

Luis Ángel Lobato Valdés