“Pantanos de Venus”, de Johnny Garland

  • Pantanos de Venus; por Johnny Garland [Juan Gallardo Muñoz]; ilustración de cubierta, J. Fernández. Barcelona: Ed. Toray, 1960. Colección: Espacio – El mundo futuro, nº 231.
  • Reedición: Pantanos de Venus; por Don Harris. Barcelona: Ed. Andina, 1985. Colección: Galaxia 2001, nº 358.

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Juan Gallardo Muñoz alcanzó especial popularidad durante la década de los setenta, pero llevaba escribiendo desde mediados de los cincuenta, con cierta variedad de seudónimos. Uno de ellos fue el de Johnny Garland, con el cual escribió bastantes entregas de la colección “Espacio – El mundo futuro” de Toray dedicado a la ciencia ficción desde finales de los cincuenta. Este Pantanos de Venus -de deliciosa sonoridad- fue escrito en 1960, y ofrece un estilo literario un tanto disímil al que con posterioridad le caracterizaría. Así, las descripciones son meramente informativas, y carecen de la turgencia expresiva que después identificaría la prosa de Curtis Garland, dedicando largos párrafos a describir emociones y reflexiones. Los diálogos, por su parte, ya tienden un tanto a ese juego de divagar un tanto, pero no al nivel que después haría. Esta novela, pues, es más directa, sencilla; también inferior en estilo, así como en trama.

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Tenemos tres líneas argumentales confluyentes. Por un lado, una misión a Venus deja de dar señales; se envía una segunda, para averiguar lo sucedido, y también desaparece. Todo ello es narrado desde la Tierra en charlas de oficina. Por otro lado, tenemos al protagonista, un piloto espacial algo rebelde -un tanto al estilo del Kirk del reboot de Star Trek, pero menos infantil-, al que un superior tiene entre ceja y ceja. Y, por último, unos espías de una potencia extranjera, que buscan hacerse con un nuevo ingenio espacial, que vuela a la velocidad de un millón de millas por hora. Estas tres tramas, como es lógico, terminan por encontrarse, si bien la superficie de Venus no es alcanzada hasta pasado un 70 % de la novela.

Venus es descrito como un planeta pantanoso, lleno de niebla, plantas indómitas, mares donde habitan cefalópodos gigantes y tierras donde moran dinosaurios y mamuts. A este entorno llegarán cuatro personajes un tanto diferentes: el héroe, el capitán que lo odia, una espía hermosa y de buen corazón y un espía feo y malvado. Una vez llegan a Venus, la acción se hace trepidante y la trama, dentro de su convencionalismo, cautiva. No desvelaré nada sobre esa última parte, dado que gran parte de su virtud estriba en no saber qué se encontrarán los protagonistas en la atmósfera venusina.

En suma, una novelita sencilla, simpática y efectiva, pero lejos de la solidez que, pocos años después, caracterizaría la obra de Juan Gallardo Muñoz.

Carlos Díaz Maroto

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