Bolsilibros & Cinema Bis

  • Título: Bolsilibro & Cinema Bis
  • Autor: coordinado por Javier G. Romero; textos de  Carlos Aguilar, Pablo Fernández, Pablo Herranz, Alfredo Lara López, Pedro Porcel, Adrián Sánchez. Prólogo de Lou Carrigan [Antonio Vera Ramírez].
  • Editorial: VTP Editorial.
  • Datos técnicos: 152 páginas (Gijón, 2012).

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“Peor… ¡imposible!” es un ciclo de películas coordinado por Chus Parrado que derivó en una colección de libros homónima, inaugurada con Hecho en Europa. Años después se nos ofreció una segunda entrega con Bolsilibros & Cinema Bis, una ambiciosa obra, pese a su brevedad, que busca conjugar la literatura de bolsillo europea con las adaptaciones cinematográficas que esta ha conllevado.

El ensayo arranca con un prólogo escrito por nada menos que Lou Carrigan (née Antonio Vera Ramírez), uno de los mejores autores españoles de esa corriente denominada “novelas de a duro” por el lector y “bolsilibros” por el editor. Todo un placer encontrarse con ese nombre una vez más en una publicación, aunque sea en un cometido tan breve como atípico en él. A continuación, Parrado ofrece un prefacio, seguido de una introducción por parte de Javier G. Romero, responsable del mítico e imprescindible Quatermass, y que en la presente colección actúa como coordinador y maquetador. Ambos, por descontado, informan de las premisas que han seguido para llevar a cabo el presente volumen. Y después, doce capítulos dedicados a glosar lo que el título sugiere.

Arranca, como no podía ser menos, con una visión global debida a Pablo Herranz, de título “Genealogía del cine de género europeo. De la novela popular a la pantalla”. Difícil lo tenía Herranz para comprimir tan amplia temática en las páginas de que dispone, pero lo hace con concisión, entrando directamente en materia y logrando un artículo informativo, ameno y estimulante. En él nuestro autor señala la importancia de un dato que de forma habitual se ha pasado por alto: que la literatura de género fuera en buena medida el germen sobre el que se cimentó el cine de género europeo, y que es un fenómeno atribuible a todos los países. Por ejemplo, las traslaciones llevadas a cabo sobre “El Coyote” y las de Winnetou desembocarían en la eclosión del western europeo. Lo mismo puede decirse de las adaptaciones de Emilio Salgari o, sobre todo, el ciclo de adaptaciones de Edgar Wallace emprendidas por el cine alemán, responsables del nacimiento del krimi, género que acabaría mutando en manos italianas al giallo.

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                                                                                                      Lou Carrigan

Después se brinda una primera parte dedicada a cuatro autores representativos, en concreto José Mallorquí, representando a España, escrito por Carlos Aguilar, quien se lamenta del poco provecho que nuestro cine ha hecho de su rica obra. A continuación, y correspondiente a Italia, tenemos a Emilio Salgari, obra de Alfredo Lara López, donde se establecen los rasgos principales del creador de Sandokán y el Corsario Negro, a los que achaca la mala fortuna que han tenido en su plasmación en la pantalla que, aunque numerosa –el autor data en cuarenta las adaptaciones fílmicas, centradas en su mayoría en sus dos más célebres creaciones–, no ha dado ningún título de verdadera enjundia y, sobre todo, que fuera fiel al espíritu del escritor italiano.

Edgar Wallace representa al Reino Unido en un capítulo debido a Pablo Herranz, quien se centra en sus novelas de misterio, pero sin olvidar sus aventuras africanas o exóticas, cuyo exponente más conocido sería su participación en el proyecto original de King Kong (muy magnificada después por publicistas e historiadores, de todos modos), prestando también atención, si bien de pasada, a sus adaptaciones norteamericanas y británicas. Por cierto que aporta un dato poco conocido, el que Wallace llegara a dirigir alguna de las adaptaciones de su obra a la gran pantalla. Pese a su nacionalidad inglesa, gran parte de la filmografía analizada procede de Alemania, donde el escritor era todo un fenómeno de masas, dando origen a todo un subgénero allí conocido como krimi.

Por último tenemos al alemán Karl May en pluma de Adrián Sánchez. Con un sobrio estilo, Adrián expone el ciclo de adaptaciones de Winnetou que, al igual que las de Wallace, correría por cuenta de la Rialto, y también contaría con imitaciones por parte de sus perseguidoras, plasmando la decadencia de la saga a lo largo de su desarrollo.

Todos ellos son trabajos directos y efectivos, dedicados a glosar la obra del autor, sus constantes y sus valías. Acaso, personalmente, me inclino más por los textos sobre Salgari y May, por aquello de ser de los que menos conocimiento poseo…

A continuación contamos con un segundo apartado centrado en los personajes, en este caso Lemmy Caution (por Carlos Aguilar), Jerry Cotton (de nuevo por Aguilar) y Angélica (por Alfredo Lara). Si en el caso anterior sobre los autores la selección podría considerarse discutible, aunque atinada a mi juicio, en esta ocasión el asunto se plantea de nuevo, más que nada por la gran variedad que hay disponible en el medio, pero atendiendo al espacio disponible creo que, una vez más, se ha logrado la elección pertinente. Téngase en cuenta, además, que personajes como Harry Dickson, por referir uno de los más míticos, apenas ha tenido reflejo, por desgracia, por lo que un artículo se solventaría en página y media. Una vez más, mi preferencia por Angélica, por representar un tipo de literatura poco analizado, por lo general.

Pablo Herranz regresa haciendo un recorrido fascinante sobre las novelas “de a duro” y las adaptaciones que han deparado, y así nos habla del cine de Keith Luger, Lou Carrigan o Clark Carrados, tan poco estudiado. Adrían Sánchez, por su parte, realiza un recorrido similar centrándose en el resto de Europa. Tal vez, a nivel personal, hubiera preferido que a estos dos capítulos se les otorgara más extensión, pues pese a su habilidad por glosar lo tratado en el espacio disponible, uno se queda con ganas de más. Lo cual, en cierta manera, también es un punto positivo.

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Finaliza Pedro Porcel con el capítulo titulado “La mirada del pulp”, donde se reproducen profusamente las portadas (en blanco y negro y en color) de muchas de estas publicaciones de bolsillo, al tiempo que comenta la historia de esta parte de la literatura, informando acerca de los portadistas que dieron esa vívida ilustración al texto, después inspiradores de las imágenes de las películas a las que, en ocasiones, darían lugar, y analizando el desarrollo de las propias portadas.

En definitiva, una obra estimable que cubre un capítulo poco tratado tanto de la cinematografía como de la literatura de género, absolutamente aconsejable.

Carlos Díaz Maroto

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