“…Y surgieron de la niebla”, de Ralph Barby

  • …Y surgieron de la niebla; por Ralph Barby [Rafael Barberán Domínguez y/o Àngels Gimeno]; ilustración de la cubierta, Alberto Pujolar. Barcelona: Ed. Bruguera, 1973. Colección: Selección Terror; nº 12.
  • Reedición: Barcelona: Ed. Bruguera, 1983. Colección: Selección Terror; nº 535.
  • Materias: psycho-killer.

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…Y surgieron de la niebla es una de las primeras novelas de la colección Selección Terror, y eso se nota, pues (salvo excepciones, en uno y otro sentido) más tarde comenzó a languidecer en cierto sentido. Aparte de ello, la excelente portada brinda una ilustración de lo más adecuada y pertinente con el contenido de la narración (compárese con la de la reedición, totalmente anodina, y además con la chica en medio de un páramo que no aparece en la historia, pues toda transcurre en alta mar).

La novela arranca con el hundimiento de un barco, descrito con una gran potencia e intensidad; después, los supervivientes van a la deriva por la mar, hasta topar con un misterioso buque escondido entre la niebla. A partir de entonces, lo que podría considerarse de temática catastrofista se adentra en el terror. Y lo hace de un modo bastante bien calibrado, manteniendo el suspense en todo momento, pues hasta el final no quedará desvelado el intríngulis de todo.

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Así, tenemos a los supervivientes que suben a ese “barco fantasma” y, mientras lo exploran, van cayendo muertos por manos de unos misteriosos marinos que llevan espadón malayo, cráneo sin cabellos y cabeza cubierta por completo de cicatrices.

Uno de los fallos habituales de muchos bolsilibros es que el autor despliega la trama con lentitud, buscando llenar el espacio requerido, y cuando ve que alcanza los momentos finales ha de acelerar la acción porque ha ralentizado en exceso el ritmo, y ha de introducir todo lo que falta de un modo abrupto. Aquí no sucede eso. Barby desarrolla la acción a un ritmo constante, como el del propio barco de su historia, arrastrado por la corriente entre un brumoso banco de niebla. El final incurre en el lugar común del malo explicando pormenorizadamente todo, pero dentro del contexto funciona, y no se hace verborreico.

Una de las mejores novelas de la colección.

Carlos Díaz Maroto

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