“Tierra de viento y muerte”, de Donald Curtis

  • Tierra de viento y muerte, por Donald Curtis. Barcelona: Bruguera, 1976. Colección: Búfalo. Serie roja; nº 1174.
  • Materias: weird west.

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Si algo caracteriza las novelas del Oeste escritas por Juan Gallardo Muñoz, generalmente bajo el seudónimo de Donald Curtis (quizá el más célebre, después de Curtis Garland, de los muy numerosos que adoptó), es la comunión de elementos inquietantes con lugares comunes del género, algo nada sorprendente por otra parte en un autor que ha hecho de la hibridación genérica su seña de identidad.

A veces con toques noir -lo que hermana sus westerns con los cinematográficos de Anthony Mann-, a veces con toques de terror, la literatura westerniana de Curtis siempre ha tenido elementos que la distinguen del resto, y esta novela es un perfecto ejemplo, plena de adminículos que, aderezados con guiños a la obra de Sax Rohmer, la convierten en un atmosférico viaje al terror.

A partir de un inicio ya de por sí enigmático y cargado de presagios -un jinete atravesando el desierto con un balazo en la espalda-, los malos augurios continúan al conducir a los personajes a Cementerio, pueblo fantasma en la mejor tradición del Far West, poblado por personajes esquivos, y estremecido por sucesos violentos e inexplicables, tras los cuales parece hallarse la mano de algo sobrenatural, materializado sobre todo en el azote omnipresente del viento, un viento diríase dotado de vida propia que enfatiza las pulsiones de los personajes y los macabros sucesos de que estos son víctimas y testigos, otorgando un aura claustrofóbica y surreal a la descripción del solitario Cementerio.

Un relato, así, marcado por esa formidable imaginería narrativa tan característica de Gallardo/Curtis, donde lo visual se hermana sin aparente esfuerzo con la textura de las palabras; son múltiples las referencias cinematográficas que su vívida prosa evoca, desde el western más tradicional hasta numerosos spaguettis cercanos al giallo, en especial la soberbia …Y Dios dijo a Caín (E dio disse a Caino/Satan der Rache, 1970), de Antonio Margueriti, pasando por El hombre del Oeste (Man of the West, 1958), de Mann… ¿Hacen falta más argumentos para exigir la reivindicación urgente que Gallardo Muñoz lleva décadas mereciendo?

Manuel Aguilar (Madrid, España)

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