“Cuando aúlla el lobo”, de Curtis Garland

  • Cuando aúlla el lobo; por Curtis Garland [Juan Gallardo Muñoz]; ilustración de la portada, Salvador Fabá. Barcelona: Editorial Bruguera, 1975. Colección: Selección Terror; nº 131.
  • Materia: licantropía – circos – gótico.

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Resultará evidente para el lector que Curtis Garland es nuestro escritor favorito dentro del mundo del bolsilibro. Puede que, tras muchas entregas de este blog, y en el intento de aportar variedad a estas entradas, acabe topándome con algún autor que sea todo un descubrimiento, pero hasta que eso acontezca, el protagonismo en estas páginas será para Don Juan Gallardo Muñoz. Con esta entrada, además, inicio un ciclo aperiódico -intercalaré cosas de otras materias y autores, para variar- en el que comentaré sus novelas dentro de la colección Selección Terror donde toca los distintos mitos clásicos del género, comenzando con esta y el tema de la licantropía.

Aquí, pues, tenemos una historia característica de licántropos, ambientada en la Europa del Este, a finales del XIX -se menciona a Jack el Destripador de pasada- y en una pequeña villa donde va a parar el británico protagonista, un médico que viene a reemplazar al anterior. Al mismo tiempo, en el lugar acontecen asesinatos bajo la luna llena, y también ha llegado allí un circo itinerante. Nada más arrancar, acontece un asesinato, y después nuestro protagonista se irá topando con diversos personajes, que irán componiendo la variada gama de sospechosos, así, el tabernero, un buhonero que sufre epilepsia -sí, como Romasanta-, el sádico dueño del circo, un científico paralítico.

Sin ser desdeñable, no se trata de las mejores obras de Garland, y la identidad de quien comete los crímenes se deduce, amén de cierto elemento respecto a ello, que no precisaré para no destripar el desenvolvimiento de la trama. En todo caso, el mayor problema es uno muy característico de este tipo de publicaciones, como es un final brusco y precipitado: cuatro páginas antes del final el lector aún se encuentra estudiando la galería de sospechosos cuando, de pronto, acontece ese clímax final. Curiosamente, ese obvia falta de espacio que se le presentó al autor propicia que, además, apenas haya desarrollo de trama amorosa: salen unas cuantas féminas, pero no se termina de plantear nada serio entre alguna de ellas y él.

Carlos Díaz Maroto

 

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