“El discípulo de Frankenstein”, de Curtis Garland

  • El discípulo de Frankenstein; por Curtis Garland [Juan Gallardo Muñoz]; ilustración de la cubierta, Alberto Pujolar. Barcelona: Ed. Bruguera, 1973. Colección: Selección Terror; nº 10.
  • Materias: científico loco – Frankenstein – invisibilidad.

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El discípulo de Frankenstein no sé si fue el primer bolsilibro que leí, pero sí el primero que soy consciente de haber leído. En su época recuerdo que me dio mucho miedo, y la atmósfera lóbrega, corrupta y visceral me mantuvo inquieto durante toda su lectura. Ahora, por desgracia, uno ha madurado, y la lectura ha sido más calmada.

Se trata, una vez más, de uno de los muchos homenajes que Garland escribió con la productora de cine británica Hammer Films como objetivo y, una vez más, el protagonista se apellida Fisher, como el mejor director que salió de aquellos estudios, Terence Fisher. Esta vez tenemos una entrega de las aventuras de Frankenstein que podría muy bien haber salido de aquellos estudios, y el tono es una especie de mezcla entre The Revenge of Frankenstein [tv/dvd: La venganza de Frankenstein, 1958] y El cerebro de Frankenstein (Frankenstein Must Be Destroyed, 1969), ambas de Fisher y, para mí, las mejores de todo el ciclo.

Curiosamente, en esta ocasión Gallardo traslada la acción a París, ocasional entorno también para la Hammer y, por ejemplo, para el film The Man Who Could Cheat Death [dvd: El hombre que podía engañar a la muerte, 1959], nuevamente de Fisher, y con la cual la presente novela también ofrece ciertos puntos de contacto -incluso el personaje del título podría recordar al actor Anton Diffring-. Como protagonista tenemos al citado Fisher, un periodista neoyorquino que se traslada a París con el doble motivo de unas vacaciones y acompañar en su labor profesional al padre de una amiga, e inspector de la Sûrete. En ese entorno habrán de investigar la desaparición del cadáver de una joven muchacha en la morgue, con el consiguiente y cruel asesinato del vigilante nocturno.

El causante de todo ello es un investigador suizo, discípulo de Frankenstein, al que acude otro colega, hijo de otro colaborador del científico, para que le solucione un problemilla de pigmentación que tiene: se ha vuelto invisible.

Supongo que, debido a ser uno de los primeros títulos de la colección Selección Terror, y ser Gallardo tan amante del género, el autor se vuelca en la confección de una historia que, acaso, debía llevar tiempo ansiando escribir. La prosa es cuidada, la trama atractiva y el tempo está bien mantenido de principio a fin. No solo esto representa uno de los puntos altos de la colección, sino que, casi sin retoques, podría haberse publicado en otros medios que, se presupone, ofrece obras más cuidadas.

Carlos Díaz Maroto

 

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