“Drácula 75”, de Curtis Garland

  • Drácula 75; por Curtis Garland [Juan Gallardo Muñoz]; ilustración de la cubierta, Alberto Pujolar. Barcelona: Ed. Bruguera, 1974. Colección: Selección Terror; nº 90.
  • Materia: vampiros – Drácula.

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De todos es conocida la cinefilia de Juan Gallardo Muñoz. En su juventud trabajó de crítico de cine, precisamente, y esa pasión nunca le abandonó, antes al contrario, queda reflejada de forma perenne en sus escritos. Y sobre todo dentro del género de terror. Son abundantes las alusiones, dentro de la colección Selección Terror, a la productora británica Hammer Films, y esta obra no es una excepción. El propio título remite a Drácula 73 (Dracula A.D. 1972, 1972), de Alan Gibson, aunque la novela que nos ocupa no está tanto inspirada en este film, sino por las connotaciones del título. Así pues, Garland nos ubica a Drácula en el Londres setentero, en una historia totalmente nueva que nada tiene que ver con el film hammeriano. Sin embargo, la conexión con la Casa del Terror no acaba ahí. El protagonista se llama Roy Fisher, evidente alusión a dos de los directores asiduos de la productora, Roy Ward Baker y Terence Fisher, y la prometida del protagonista, además, se apellida Baker, para más inri. Mientras leía la novela no podía evitar imaginarme a la pareja con los rasgos de Raph Bates y Verónica Carlson.

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La novela se estructura en un prólogo, centrado en la actualidad, una primera parte, ambientada en 1899, y escrita por medio de diversas fuentes en primera persona, tal como el Drácula de Stoker, y una segunda parte, que encadena con el prólogo, narrada por el protagonista. La primera parte incurre en el error común de situar el principio del siglo XX en 1900, y no como es en realidad, en 1901. Y en el clímax final los vampiros ocultos resultan estar encubiertos en personajes con un pasado, lo cual es imposible.

Por lo demás, se trata de una narración sólida, que utiliza las habituales divagaciones de Garland con muy buen tino, estando muy bien escrita, y con instantes que alcanzan un nivel muy alto. Cierto momento de la investigación del protagonista remite a otro film hammeriano, el Drácula originario de 1958 dirigido por Fisher, y el autor juega de forma constante con los arquetipos inherentes al vampirismo, aceptando unos y rechazando otros.

Carlos Díaz Maroto

 

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