“Silencio para un muerto”, de Mortimer Cody

  • Silencio para un muerto; por Mortimer Cody [Francisco Vera Ramírez]; ilustración de la portada, José Lanzón. Valencia: Ed. Valenciana, 1962. Colección: Luchadores del Espacio; nº 215.
  • Reedición: Silencio para un muerto; ilustración de la cubierta, Prieto Muriana. Pinto (Madrid): Ed. Andina, 1976. Colección: Galaxia 2001; nº 43.
  • Materia: extraterrestres – invasiones – teletransporte.

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Mortimer Cody fue el más utilizado de los seudónimos que empleó Francisco Vera Ramírez, hermano de Antonio Vera Martínez, esto es, Lou Carrigan. Cody fue un gran amante del western, y la mayoría de su obra se circunscribió a ese género. De hecho, dentro de la ciencia ficción solo escribió esta única novela, con un título, además, más propio para un policial, por ejemplo. No tenía mucho aprecio por la anticipación, y por ello no volvió a ella, y eso se aprecia leyendo esta novela.

El arranque es lo peor de la historia, con una organización gubernamental de por medio, una especie de FBI futurista y del espacio, donde sus miembros desconfían de las informaciones que dan sus colegas o subordinados y, por tanto, con un comportamiento absolutamente infantil de los personajes. Puede que el desinterés por el género por parte del autor impeliese esta visión superficial.

Dentro de este contexto se detecta un intento de invasión alienígena, vía teletransporte. A los extraterrestres -denominados “sacayocos” nada menos- las ondas sonoras les resultan perniciosas, y les provoca, literalmente, la disolución al tiempo que destilan un olor apestoso. Invisibles en ocasiones, la población percibe esos misteriosos aromas fétidos y lo comentan en el transporte público, sin ser conscientes de su origen.

Después, los protagonistas son secuestrados por los extraterrestres y llevados a su mundo. Ahí el tono de la narración varía y se hace más adulto. De hecho, esa segunda parte semeja otra historia, y la calidad aumenta enteros, haciéndose interesante y, dentro del contexto de este tipo de ediciones, un tanto original.

El arranque hace temer lo peor, pero finalmente es una historia grata de leer y con un interesante enfoque a la temática de las invasiones. Merece el esfuerzo.

Carlos Díaz Maroto

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