“Detective privado, siglo XXIII”, de Alan Parker

Detective privado, siglo XXIII; por Alan Parker [Carlos Echeverría Alonso]; ilustración de la cubierta, Salvador Fabá. Barcelona: Ed. Ceres, febrero 1983. Colección: Héroes del Espacio; nº 146.

  • Materias: sociedades futuras – criogenización  – extraterrestres

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Como puede apreciarse por la ficha técnica, bajo el nombre de Alan Parker -el del director de El expreso de medianoche y El corazón del ángel-, se oculta en realidad Carlos Echeverría Alonso (1936-…), quien, a primeros de los ochenta, tuvo una amplia presencia dentro de la editorial Ceres, por medio de esta colección y otras de deportes, bélicas, etc., así como después para Fórum, cuando tímidamente se lanzó esta editorial al mundo del bolsilibro, con la mítica colección de terror Thanatos u otras; también utilizó el seudónimo de John Oxford para la colección Los Vagabundos del Espacio de Producciones Editoriales. E igualmente es guionista de comics, habiendo escrito para Cimoc, por ejemplo.

Esta es la primera novela que leo de él, y el arranque no puede ser más turbador, con una familia del siglo XXIII que hace el amor frente a sus hijos, si bien algo cohibidos, y el marido clama que la mujer solo sirve para la cocina y la cama; en esa sociedad, los hombres suelen tener amantes, pero a las mujeres no les está permitido, y el protagonista cataloga a su amante de “golfa”.

En ese contexto, en una cueva es hallada una pareja congelada desde el siglo XX; él es detective, y ella su secretaria y esposa. Una vez descongelados intentan aclimatarse a ese nuevo entorno, pese a que la sociedad está inmersa en una semi-dictadura donde no existen las libertades individuales y todo está excesivamente burocratizado. La Tierra ha contactado con otros tres planetas habitados del Sistema Solar, llamados Neutrón, Simca y Gorgos [!]. El último de ellos está habitados por señores muy malos, que intentarán secuestrar a los descongelados para informarse de cómo era la sociedad terrestre del siglo XX, algo que les preocupa enormemente, aunque el autor no llegue a explicar los motivos, pero tiene algo que ver con sus intentos de conquista.

Existen algunos detalles interesantes a lo largo de la historia, como ese contexto social en que se desenvuelve todo. Sin embargo, una vez planteado el autor no se ocupa en desarrollarlo: existe como telón de fondo, y punto. Así, la primera mitad consiste en plantear lo referido sin el menor sentido de la elipsis, dilatando incidentes superficiales y sin entrar en el meollo de muchos elementos atractivos que surgen y se abandonan. La segunda mitad ofrece, al fin, al referido detective investigando, y todo solucionándose con una facilidad pasmosa.

La novela es sencillita, muy sencillita. El estilo literario no ofrece grandes alharacas, los personajes son de una ingenuidad infantil y la trama no se aprovecha a fondo, como se ha dicho. Queda un entretenimiento elemental, funcional, para quien no exija nada excesivamente complejo, acaso una novelita para leer en la playa, sin más.

Carlos Díaz Maroto

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