“Safari”, de Lou Carrigan

Safari; por Lou Carrigan [Antonio Vera Ramírez]; ilustración de la cubierta, Bernal. Barcelona: Editorial Bruguera, 1983. Colección: Tam-Tam; nº 41.

  • Materias: safari fotográfico – hombres leopardo – matanzas.

Safari

La historia se localiza en Kenia, donde Milton Brooks, antaño cazador furtivo y ahora guía de safaris sólo fotográficos, vive retirado en la apacible compañía de su concubina Zenda, con el sueño de publicar un libro que contenga fotografías de animales de la sabana africana en total libertad. Un sueño harto difícil, pero, como todos los sueños, nunca imposible.

La visita en su casa de un inquietante personaje llamado Dixon Stoner le abre la posibilidad de poder cumplir ese sueño de publicar su libro, su legado, ya que, por encargo de Sir Edward Masterson, un potentado europeo, se le encarga que guíe a un grupo de personas en un safari fotográfico en el que, sorprendentemente, se le multiplican por diez los emolumentos habituales. Un safari con un tanto por ciento elevado de excentricidad, ya que será compuesto por personas a las que Sir Edward  solo conoce por correspondencia. Un heterogéneo grupo compuesto por una taquillera de cine, un obseso de los insectos, la mujer de este, que, según el autor, es una cachonda (esto es un bolsi, y como tal hay que tomarlo), un vendedor de electrodomésticos y, sobre todo, una persona a la que Sir Edwards ha pedido en matrimonio, tan sólo por verla en foto. Únicamente se conocen de este modo ambos dos. Su nombre es Helen Evans, supuesta escritora de cuentos infantiles (en los bolsilibros, todo es supuesto, por eso es un género que me encanta, y en sólo 96 páginas cabe todo un mundo nuevo). La expedición, comandada por Milton Brooks, se pone en marcha después de unos roces muy simpáticos al conocer a Helen Evans, que se repiten a lo largo de todo el relato, y le ponen un poquito de sal y pimienta al asunto. Lo cierto es que Sir Edwards se ausenta por un viaje de negocios y el safari comienza sin su presencia.

Safari en marcha. Los problemas empiezan después de un comienzo idílico. Como siempre en la vida, y en los bolsis, también. La radio es destrozada, con lo cual no pueden comunicarse y las ruedas del coche son reventadas. Y el vigilante es acusado. Pero éste yace muy cerca de allí, destripado. Y entonces son rodeados por temibles hombres leopardo, y escuchan un tam-tam al que temen los oriundos de la tierra… Y a partir de entonces se impone un frenético ritmo donde cada vez hay más muertes, y más miedo. Y cada vez menos integrantes vivos en el safari. Una horrible muerte es dada a los hombres y mujeres que componen la expedición, salvo a Helen Evans, a quien, milagrosamente, o no tanto, los hombres leopardo respetan. Desfallecida de tanto horror, aparece en la casa de Sir Edwards, donde le aguarda el horror definitivo y una terrible revelación…

Este es un bolsilibro muy “bolsilibro”, pues todo cabe en él: amor, horror y humor. Mantiene un ritmo constante que va creciendo hasta la traca final, que quizá sepa a poco.

Es este de esos bolsilibros que, una vez empiezas, no puedes parar de leer hasta el final; estés haciendo lo que sea el bolsi te va a enganchar cual pernicioso vicio, y qué vicio más bueno es leer…

Así que si consigues un ejemplar de este Safari ya sabes: a dejarte seducir por África si tienes lo que hay que tener.

Andrés Ramón Pérez Blanco

 

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