“Terror Party”, de Lou Carrigan

Terror Party; por Lou Carrigan [Antonio Vera Ramírez]; ilustración de la cubierta, Miguel García. Barcelona: Editorial Bruguera, mayo 1985. Colección: Selección Terror; nº 617.

Materia: sketches – zombis – brujas – sadismo

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Esta fue la última novela de la colección Selección Terror. Supongo que las ventas iban siendo cada vez más bajas, amén de la crisis que sufría por aquellas fechas Bruguera. La editorial ya llevaba reeditando novelas dentro de la propia colección, y el mítico diseño que ostentaba fue abandonado en el número 601, sospecho que en busca de un nuevo aspecto, más moderno, que captara a lectores más diversos, aunque realmente destrozaron la estética y la trivializaron, independientemente de la calidad de los dibujantes.

Para este último número se contó con Lou Carrigan, uno de los grandes escritores de bolsilibros, en especial de temática western y, sobre todo, criminal en todas sus variantes -espionaje, suspense, policial…-. Las mejores novelas que Carrigan escribió dentro de la temática de terror fueron las de carácter llamémosle realista -recordemos la magistral Noches de amor eterno-, mientras que las de temática sobrenatural eran más convencionales y tendían un tanto al tópico. Sospecho que Antonio Vera Ramírez no se siente muy a gusto en el entorno fantástico, pues sus entregas de ciencia ficción tampoco son de las más memorables -salvando la fascinante Biografía de un monstruo, y acaso alguna más a la que no he podido acceder, que en el amplio mundo del bolsilibro nunca se puede asegurar algo tajantemente-.

Esta novela ofrece una gran particularidad en lo que respecta a la colección. No he leído todas las que lo integran, así pues no puedo confirmar que sea el único caso que se dé en la serie: se trata de una novela escrita por medio de varias historias cortas y conclusivas, es decir, una serie de relatos unidos entre sí por medio de una trama globalizadora. En concreto, es muy similar a las películas de sketches que rodó la Amicus, en especial en el primer lustro de los años setenta del pasado siglo, tipo Condenados de ultratumba o Refugio macabro.

Significativo es también que, de todos los relatos que se narran, solamente el primero sea de carácter fantástico -en otro de ellos no se termina de perfilar si hay un elemento sobrenatural o es una alucinación de uno de los personajes-. Aparte de ello, en la propia historia que engloba todo aparece una pareja de zombis -no desvelo nada: el primero de ellos anuncia su condición a las pocas páginas- y una bruja. Es curioso también que las peores historias sean la que da soporte a todas las demás, así como la última. Los otros relatos no están mal, destacando el ambientado en Italia, y que podría rememorar a los escritos por Guy de Maupassant.

Cabe señalar, por lo demás, que los cuentos, más que de terror, son de carácter sádico, salvo el último, que es más bien una parábola. Y la moraleja que se desprende de todo, acerca del “terror” y aquellos que lo pergeñan, mejor lo dejaremos a un lado. Queda una novelita no demasiado destacada pero tampoco mediocre, pero que de todos modos no está a la altura para cerrar una colección antológica.

Carlos Díaz Maroto

 

 

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