“Repugnante festín y otros relatos”, de Franklin Ingmar

Repugnante festín y otros relatos, por Franklin Ingmar [Francisco José Íñigo Martín]; ilustración de la portada: Prieto Muriana. Madrid: Editorial Andina, 1977. Colección “Terror”; nº 76.

  • Materias: relatos – niños malignos – miembros amputados – Mitos de Cthulhu – fantasmas.

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Como sabe cualquiera que esté leyendo estas líneas, el formato físico del bolsilibro se consagró a la publicación de novelas cortas de alrededor de un centenar de páginas, aunque los juegos con el tamaño de la tipográfica permitieran encajar historias con algunos márgenes en su extensión. En ciertos casos, pocos, esa norma general se quebrantó. Así ocurrió ocasionalmente con la colección Terror, con 288 títulos publicados, de la madrileña Editorial Andina, empresa que extendió su actividad en este formato durante algo más de una década, al menos por lo que se refiere a los géneros de la ciencia ficción y el horror. Entre las habituales novelas llegaron a incluirse colecciones de cuentos, y una muestra de ello es Repugnante festín y otros relatos, de Franklin Ingmar, seudónimo de Francisco José Íñigo Martín (1936-1998), autor del que no conozco más publicaciones que las escritas para esta editorial, con este nom de plume o el de Frank Hunter, que utilizó en novelas del oeste y policíacas; aunque llegaría a firmar algunos títulos de divulgación con su nombre auténtico.

Pero vayamos a la obra que nos atañe.

Empieza bastante bien, con la narración que pone título a volumen, Repugnante festín, una historia encuadrable en el subgénero de los niños malignos. Logra gran parte de su eficacia gracias a la elección como narrador en primera persona de la niña protagonista, de voz aparentemente ingenua. Pero mejor no se dejen engañar y la acompañen a casa… Un cuento que no desmerecería entre otras historias de Robert Bloch, de similar temática.

A ciegas, el segundo relato y el más extenso de la colección, no resulta tan satisfactorio, en especial por tratarse más de una intriga de tintes criminales que de un autentico cuento de miedo, que es lo que el lector está esperando. Además se sustenta en una idea bastante inverosímil, lo que reduce el placer, a poco que se realice una lectura con mirada crítica. Con todo, termina con una vuelta de tuerca, a la manera de un episodio de Alfred Hitchcock presenta o The Twilight Zone, que le añade valor.

Un pie en la tumba, por el contrario, sí es una narración claramente fantástica e incluso inquietante, sobre el tema del miembro amputado que conserva vida propia. En este caso, lleva adelante los más oscuros deseos de su anfitrión original, entre algunas interesantes y morbosas reflexiones sobre qué ocurre con el alma de un cuerpo mutilado.

La sorpresa y la decepción llegan con El descuartizado. Sorpresa porque, tras leer unos primeros párrafos que nos resultan familiares, descubrimos que estamos ante un cuento perteneciente a los lovecraftianos Mitos de Cthulhu, con el celebérrimo Necronomicon de libro presente, algo no tan habitual en la literatura de quiosco española. Y decepción porque muy pronto nos damos cuenta de que se trata de uno de los plagios más desvergonzados a los que hayamos podido asistir. Sí, no solo reproduce con todo detalle el argumento de “El retorno del brujo” (“The Return of the Sorcerer”, 1931), de Clark Ashton Smith, también emplea para contarlo frases casi idénticas. Podemos simpatizar con que los autores de bolsilibros se inspiren en clásicos de la literatura fantástica para crear sus propias variaciones; una copia tan literal sobrepasa lo admisible.

Veamos un ejemplo, citando primero el arranque del relato de Clark Ashton Smith, en la versión de Francisco Torres Oliver:

«Me encontraba sin trabajo desde hacía varios meses, y mis ahorros estaban peligrosamente próximos al agotamiento. Así que me llevé una gran alegría al recibir respuesta favorable de John Carnby, invitándome a que presentara mis informes personalmente. Carnby había puesto un anuncio pidiendo un secretario, especificando que los interesados debían enviar previamente una relación de sus aptitudes por carta, y yo había escrito solicitando la plaza.

»Carnby, evidentemente, era un intelectual solitario que sentía aversión a tomar contacto con una larga lista de desconocidos y había elegido el modo de eliminar de antemano, si no a todos los descartables, por lo menos a gran número de ellos. Había especificado los requisitos de manera exhaustiva y escueta, y éstos eran de naturaleza tal que excluían aun a las personas normalmente bien instruidas. Entre otras cosas se necesitaba conocer el árabe, y por fortuna yo poseía cierto dominio de esta rara lengua.»

Veamos ahora cómo empieza el relato de Francisco José Íñigo Martín:

«Durante varios meses había estado sin trabajo, lo que quiere decir que mis ahorros estaban a punto de acabarse.

»Por eso me puse tan contento cuando recibí respuesta de Emil Ravenal. Una respuesta positiva. Me invitaba a tener una entrevista con él.

»Emil Ravenal había puesto un anuncio en la prensa solicitando un secretario, en el que pedía que las cartas de solicitud del puesto incluyeran el correspondiente “curriculum vitae”.

»Naturalmente, yo contesté al anuncio adjuntando todos los datos que pedía.

»Ravenal, no cabe duda, era un erudito. Por eso sentía aversión a perder el tiempo con entrevistas y largas colas de gente extraña esperando. Ese era el motivo de que prefiriera seleccionar a los candidatos y sólo conversara con los pocos que desde un principio le causaban buena impresión.

»Su anuncio era claro y conciso.

»Era necesario, entre otras cosas, el conocimiento del árabe y, afortunadamente, yo poseía ciertos conocimientos de este idioma».

Les aseguro que no es una excepción. Así continua todo el relato, párrafo a párrafo. Me parece que el jurado no necesita más testimonios para dictar sentencia.

Ya con la mosca tras la oreja, llegamos al último cuento: Regreso a casa. No es malo en absoluto; pero su premisa, el muerto que no se da cuenta de que lo está y deambula de un lado para otro sin que nadie dé señales de advertir su presencia, para su desconcierto, ha sido utilizado demasiadas veces. Es tan vieja como el amargo Ambrose Bierce.

Estamos, pues, ante un título nada mal escrito que queda desacreditado por un inexcusable y chabacano saqueo del talento ajeno. Una verdadera lástima.

Armando Boix

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“El nuevo Edén”, de Clark Carrados

El nuevo Edén; por Clark Carrados [Luis García Lecha]; autoría de la ilustración, Salvador Fabá. Barcelona: Editorial Bruguera, 1975. Colección: La Conquista del Espacio”; nº 255.

  • Materias: Colonización planetaria – Viajes espaciales – Seres alienígenas – Investigación.

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El buscador y explorador planetario, el terrícola Sett Lang, tiene órdenes de eliminar a un extraño ser, habitante del planeta S-Mon-10, para que su compañía pueda colonizar y explotar los recursos de dicho planeta. Pero al comprobar que el alienígena, denominado Qrill, es inteligente, Sett Lang decide dejarlo con vida y hacerse su amigo. Tras mandar el informe correspondiente desde su nave, Lang es inmediatamente despedido de la Jefatura de Exploraciones Planetarias.

En su retorno al planeta Berkus, nuestro protagonista escucha una llamada de auxilio desde una nave cercana: una mujer, única tripulante de esa nave estelar, ha sufrido un accidente (un atentado) y su pierna ha resultado seccionada.

Desde este momento, y ya en el planeta Berkus y en otros mundos, Sett Lang se desvivirá por encontrar a los culpables del intento de asesinado de Amatista Gonadk, así como de evitar las conspiraciones de sus antiguos y ambiciosos jefes por eliminar a su nuevo amigo Qrill –quien le ayuda en sus aventuras– y la colonización y rapiña de S-Mon-10.

Con estos ingredientes, Clark Carrados nos ofrece una singular y entretenida space opera donde lo más sobresaliente son los alienígenas Krill, que en realidad son entidades múltiples, telépatas, pero con una especie de mente común que los une en sus decisiones.

Todo lo demás es puro divertimento característico de Carrados: acción pausada (es de agradecer), toques de novela policial, viajes por el hiperespacio, mundos plagados de parajes agrestes, violentos y extraños, y un sentido de la melancolía y de la nostalgia más acusado (también se agradece) que en otras de sus narraciones más desenfadadas.

Pero, por lo demás, se manifiesta lo de siempre en este autor: personajes estereotipados (protagonista masculino de una sola pieza, fuerte, atractivo y galante, acompañante femenina de indudable belleza, resuelta y valiente, villanos viciosos, pusilánimes y sádicos), maniqueísmo manifiesto y la consabida moraleja final –común en este tipo de relatos y en este autor en particular– donde los malvados han de soportar su merecido castigo o inevitable muerte por sus actos traicioneros y cobardes. Y, efectivamente, no podía faltar el amor idílico e intachable entre los dos protagonistas.

Con todo, la novela deja un buen recuerdo y su lectura resulta fluida, aunque la trama carezca de originalidad.

En mi calificación del 1 al 5 la puntúo con un 3.

Luis Ángel Lobato Valdés

 

“Noche infernal”, de Mikky Roberts

Noche infernal, por Mikky Roberts [Miguel María Astraín Bada]; ilustración de la cubierta, ¿? Barcelona: Editorial Bruguera, mayo 1962. Colección: Punto Rojo; nº 4.

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Miguel María Astraín Bada, (1934, Zaragoza, España) fue uno de los escritores más vendidos de Bruguera durante la etapa de 1955 a 1979, con los seudónimos de Mikky Roberts y de Roberto de la Mata. Periodista y técnico titulado en radiodifusión, publicidad, marketing y relaciones públicas, trabajó de 1955 a 2003 para Radio Zaragoza (EAJ 101), desempeñando, entre otras, las funciones de Director de Programación, Comercial y Relaciones Públicas. Con su auténtico nombre (M. M. Astrain) destaquemos la publicación de Un viaje interplanerario (Bruguera, 1961; Col. Historias nº 1962), y hace poco apareció La reina de los piratas (Oxford, 2010; Col. El árbol de la lectura, serie juvenil nº 26), que ya había aparecido en 2005. Como Mikky Roberts escribió infinidad de novelas del Oeste y policíacas; como Roberto de la Mata aportó historias de amor, o también algún western para Toray.

También ha escrito guiones de cómic para la editorial francesa Delta, que se han distribuido por otros países; de igual modo, ha redactado seriales radiofónicos y compuesto poesía. Tres películas producidas por Ignacio F. Iquino se han rodado con novelas suyas: Oeste Nevada Joe / La sfida degli implacabili (1965), dirigida por el propio Iquino, Un dólar de fuego / Un dollaro di fuoco (1966), de Nick Nostro y Cinco pistolas de Texas  / 5 dollari per Ringo (1966), co-dirigida entre Iquino y Juan Xiol, basadas, respectivamente, en Bueno con el revólver (1961), Reina de corazones (1959) y La guarida del hampa (1961).

La presente novela ofrece todos los tópicos que uno podría esperar de una obra de sus características: noche tormentosa, viajeros que llegan a un refugio, mansión tenebrosa, asesinato vislumbrado tras una ventana iluminada por los relámpagos, criados misteriosos y ama de llaves estirada e hierática, inquilina enferma… A principios del pasado siglo devino pronto en un lugar común, a tal punto que, en tono más o menos paródico, sirvió para obras teatrales tan populares como El gato y el canario (The Cat and the Canary, 1922), de John Willard, o The Bat (1920), de Mary Roberts Rinehart y Avery Hopwood.

Esta es la primera novela que leo de Mikky Roberts, y poco sé de él, pero, por lo que se vislumbra en el texto, parece un autor inteligente y culto que conoce perfectamente los precedentes que maneja. No utiliza una fórmula archi-conocida para encubrir una falta de imaginación, sino que lo hace con conocimiento y complicidad, aprovechando un esquema prefijado para jugar con él. Tenemos, pues, sospechosos, giros de guion, y una resolución donde las piezas encajan. El resultado es una obra sobria, bien escrita, con perspicacia para el diseño de personajes, muy entretenida y con un nivel dentro del mundo del bolsilibro superior a la media. Regresaré próximamente a él, lo prometo.

Carlos Díaz Maroto