“Invasión invisible”, de Lou Carrigan

Invasión invisible; por Lou Carrigan [Antonio Vera Ramírez]; ilustración de la cubierta, Salvador Fabá. Barcelona: Ed. Bruguera, diciembre 1984. Colección: Héroes del espacio; nº 225.

  • Reedición: Barcelona: Ed. B, 1994. Colección: La conquista del espacio; nº 54.

 

  • Materias: invasiones

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Lou Carrigan es el seudónimo más popular de Antonio Vera Ramírez, quien también firmó como Milton Hamilton y Wilson Stonewall. Como Carrigan firmó muchas excelentes muestras del Oeste y policíacas, aportando a ambos géneros auténticas joyas. En este último, además, a veces hacía uso de un sentido del humor chispeante y fresco, que no trivializaba el resultado, sino que le aportaba una ligereza atractiva -véase su saga de Baby-.

Justo es reconocer que, dentro de los géneros del terror y la ciencia ficción no aportó obras tan válidas. En el primero de los citados, sus mejores títulos son aquellos que carecen de elementos fantásticos, y pueden encuadrarse más bien en la categoría del terror psicológico, o suspense. En cuanto a la ciencia ficción, en ocasiones, como es el caso que nos ocupa, también añade ese humor antes citado, sin bien en esta ocasión los resultados no son tan sólidos.

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Invasión invisible comienza de un modo muy atractivo, casi como un episodio de Twilight Zone. Un avión procedente de Londres va con destino a Nueva York, pero cuando está a punto de llegar, tripulación y pasajeros descubren que la ciudad parece haber desaparecido. Luego resulta que no, no ha desaparecido, sino que está por completo a oscuras. Simultáneamente a esto se nos presenta al protagonista, un inteligente asesor de Unicef en asuntos para la infancia, de nacionalidad mexicana (quizás el único protagonista hispano de un bolsilibro de ciencia ficción), y que está intentando ligarse a una guapa y joven viuda millonaria que viaja en el mismo avión.

A partir de ahí se nos narran de forma paralela las dos historias, esto es, el misterio que rodea ese apagón, y en el que están implicados unos invasores invisibles, y el del guapo chicano y sus amores con la jovencita. Esos amoríos adquieren un tinte, sí, ligero, y toda la historia se tiñe de esa ligereza. De hecho, la trama de ciencia ficción es muy sencilla y, llegado un punto, adquiere un tono de desbarre que hace perder el norte por completo a la narración, llenándola además de incoherencias.

El resultado es uno de los peores bolsilibros de Lou Carrigan, pero, desde luego, no aburre, y es sumamente divertido. Pero viniendo de quien viene se espera uno algo más sólido.

Carlos Díaz Maroto

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