“Azote de sangre y sol”, de Donald Curtis

Azote de sangre y sol; por Donald Curtis [Juan Gallardo Muñoz]. Barcelona: Ed. Bruguera, 1979.Colección: Búfalo serie roja; nº 1366.

Reedición: Barcelona: Ed. B, 2002. Colección: Salvaje Oeste; nº 31.

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Atractiva novela del Oeste obra de Juan Gallardo Muñoz, amparado esta vez bajo el seudónimo de Donald Curtis. Bajo ese atractivo título se oculta una obra que está a mitad de camino entre el western tradicional y el spaghetti-western. La acción tiene lugar en una localidad sureña llamada Adobes -así, en español, se nos recalca-, y gran parte de la fuerza de la narración reside en la descripción del lugar, anegado de sol, polvo y miseria. Así, el tono sudoroso y desabrido de muchos spaghettis se perciben en la atmósfera del lugar.

El arranque es un tanto al estilo de una de las obras maestras cinematográficas del género, Solo ante el peligro (High Noon, 1952). Incluso el comisario protagonista se apellida Kane, al igual que el mítico personaje encarnado por Gary Cooper en la película de Fred Zinnemann. Así, se nos informa que a la ciudad va a llegar un temido forajido, que años atrás fue encarcelado, y busca vengarse en el sheriff, ahora enfermo y postrado en la cama.

Sin embargo, a esta trama se añade otra sobre posesión de aguas que recuerda mucho a otra novela de Donald Curtis, Ese tipo llamado Sacramento, que fue incluida en el tomo recopilatorio editado por A.C.H.A.B. Sesión continua. La referida novela, de carácter semi-humorístico, es posterior, así pues es posible que Gallardo volviera a tomar esa parte de la presente para desarrollar la nueva.

En todo caso, Azote de sangre y sol posee un tono muy distinto, serio, desde luego, y con una densidad dramática encomiable. El punto de arranque, el de ese regreso del pistolero sanguinario y psicópata, supone el detonante para una serie de reacciones que acontecerán en el pueblo. Será el pistoletazo de salida para unos posteriores acontecimientos que arrostrarán la vida de todos los habitantes del lugar.

Una joya, muy recomendable.

Carlos Díaz Maroto

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“Timidez y amor”, de Corín Tellado

Timidez y amor, por Corín Tellado [María del Socorro Tellado López]. Barcelona: Bruguera, 1956. Colección: Rosaura; nº 332.

Reediciones:

  • Bruguera, 1958. Colección: Coral; nº 57.
  • Bruguera, 1966. Colección: Corinto; nº 118.
  • Bruguera, 1969. Colección: Coral; nº 115.
  • Bruguera, 1972. Colección: Minilibros Bruguera, Serie Rosa; nº 644.
  • Bruguera, 1978. Colección: Selección Coral; nº 579.

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Por cuestiones que sería arduo reflexionar, los hombres solemos tener prejuicios hacia las novelas llamadas rosas o de amor. Corín Tellado –de verdadero nombre María del Socorro Tellado López (Viavélez, El Franco, Asturias, 25 de abril de 1927 – Gijón, 11 de abril de 2009)– es, sin lugar a dudas, la más genuina representante del género en España, y dentro del mundo del bolsilibro. Entre 1946 y 2009 escribió alrededor de cinco mil novelas, traducidas además a veintisiete idiomas. También hizo uso de los seudónimos Ada Miller y su variación Ada Miller Leswy.

Recuerdo que, con quince años, cuando leía profusamente bolsilibros, me centraba en el terror, la ciencia ficción, el policial y el western, géneros considerados “masculinos”. Mi hermana un día me recomendó la lectura de una novela de Corín Tellado, aduciendo que era muy divertida porque la protagonista se hacía pasar por tonta, y que me gustaría. No recuerdo el título de la obra, pero sí recuerdo que la dejé antes de llegar a la mitad.

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En mi enorme sentido de la responsabilidad para con este blog, y en la intención de cubrir la gran variedad temática del mundo del bolsilibro –ya me atreví con una de Estefanía, autor que no entra dentro de mis favoritos, precisamente– he optado por abordar una novela de Corín Tellado, y la casualidad ha querido que la primera que caiga entre mis manos sea esta Timidez y amor, que suena rematadamente cursi.

Al iniciar la lectura de la novela he optado por imaginarme todo en la mente como si se tratase de una película de Douglas Sirk, el llamado «maestro del melodrama». Pero he ido comprobando que imagen y lectura no casaban, acercándose lo que yo iba recreando más a las comedias románticas de Jean Negulesco de los cincuenta, tipo Creemos en el amor. Sin embargo, al poco el tono ha mutado de nuevo, y semejaba más una comedia sentimental española de los cincuenta, acercándose a la, por otro lado, nada desdeñable Luna de verano, de Pedro Lazaga.

La protagonista es una niña bien, hija de inglés y andaluza, que hereda a su abuelo y decide viajar a España para estudiar en la universidad. Va acompañada de su tutora, una estirada pero joven inglesa que se hará pasar por pintora. La chica, por supuesto, también va a la caza de un apuesto español que no se fije en ella por su dinero. Así pues, se hospedan en una modesta pensión, donde se cobijan algunos estudiantes. Uno de ellos es alto, desgarbado, tímido y torpón… Por supuesto, a partir de ahí todos nos imaginamos cómo acabará la historia.

Teniendo en cuenta que esta es la primera novela que en verdad leo de Corín Tellado, en muchos aspectos he de recurrir a la especulación. Escrita en 1956, su protagonista es una muchacha de alta posición social. Sospecho que gran parte de estas novelas tenían este tipo de protagonistas, para que las lectoras a las que iban dirigidas pudieran olvidarse de sus vidas y, por unos instantes, fantasear con una existencia más lujosa. Era como el cine español de la época, donde había millonarios a punta pala mientras el pueblo se moría de hambre.

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Debo reconocer que el resultado me ha sorprendido más positivamente de lo que creía. No está del todo mal escrita, y de hecho cae en errores de estilo más o menos comunes en los bolsilibros; en este caso concreto, la autora abusa bastante del empleo del “queísmo”, así como una cierta profusión de cacofonías. Los diálogos son vivaces y ágiles, con cierto punto de engolamiento, por otra parte habitual en las obras de la época en que la presente está escrita.

En cuanto al argumento… Bueno, lo cierto es que resulta entretenido, los personajes tienen cierto empaque, en especial el muchacho tímido, así como la dama de compañía de la estiradita protagonista que, por supuesto, gracias al amor evolucionará internamente. De todas maneras, llega un momento que el continuo enfrentamiento entre chico y chica, que debiera considerarse un duelo de voluntades e inteligencias, parecen más bien peleas de chiquillos inmaduros, y se hace en exceso redundante. Creo que llegado cierto punto el tono de la relación entre ellos debiera haber variado.

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La autora

Pero bueno, dado lo que uno se esperaba, la sorpresa ha sido grande. La temática no me atrae mucho, pero puede que, pasado un tiempo, podáis disfrutar de la reseña de otra novela de Corín Tellado. Vuestra es la palabra.

Carlos Díaz Maroto

“Guerra en Marte-II”, de Glenn Parrish

Guerra en Marte-II; por Glenn Parrish [Luis García Lecha]; autoría de la ilustración: Jorge Núñez. Barcelona: Editorial Bruguera, 1974. Colección: La Conquista del Espacio; nº 207.

  • Materias: Viajes espaciales – Colonización de planetas – Conspiraciones – Guerras entre mundos.

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Joe Rottam, un colono terrestre asentado como agricultor en el planeta Marte-II, a dieciséis años-luz de la Tierra, tiene una próspera granja y dos graves inconvenientes: sus tierras son utilizadas para combates entre los ejércitos de los planetas Hithor y Fardil, y Marte-II está regido por un despiadado gobernador que quiere, a todo precio, apoderarse de su preciada granja.

Para solucionar sus problemas y no tener que abandonar sus propiedades y regresar a la Tierra, Joe Rottam habrá de trasladarse al planeta Hithor con el fin de rescatar a la hermosa general –de la que se ha enamorado– Rubi Horhus, desmantelar el tiránico gobierno de ese planeta y luchar contra el brutal regidor de Marte-II, Wolf Durdeen, para así recuperar sus posesiones y liberar al planeta de su opresión.

Con un tono desenvuelto y pausado y una trama imaginativa –cuando no alucinante– que acostumbra a otorgarnos Glenn Parrish/Clark Carrados en sus narraciones de «LCDE», Guerra en Marte-II se convierte una divertidísima y muy especial novela, dado el ambiente crepuscular y nostálgico en el que se mueven los personajes.

La acción –siempre muy medida– y la intriga no decaen en ningún momento, y los espacios narrativos resultan muy variados, desde la geografía casi desértica de Marte-II hasta la urbe futurista de Hithor, plagada de transeúntes ociosos, aceras deslizantes y vehículos magnéticos. Allí, en el planeta Hithor, se desarrollará la parte más admirable de la novela, dentro de un tenebroso presidio con una enorme rueda, movida por los condenados, que da energía a toda la capital del planeta. También es digna de recordar la parte final de la historia, ya en Marte-II, con el nacimiento de un río subterráneo que arruinará los planes del ambicioso Wolf Durdeen y de sus ayudantes y convertirá grandes zonas del planeta en un auténtico vergel.

Quizás el inconveniente –la verdad que poco importa– que más repercute en su trama es que la novela roza, en muchas ocasiones, la iconografía del western. El problema no es que lo podamos considerar un western espacial, que en muchos sentidos lo es; la traba surge en el momento que conseguimos trasladar sin esfuerzo muchas de las situaciones de su argumento a la iconografía aludida solo escribiendo, por ejemplo, siglo XIX en vez de siglo XXII y California en vez de Marte-II o Hithor. Esta circunstancia, a mi entender, lastra la narración hacia el estereotipo. Al igual que la mayoría de sus personajes, sin evolución psicológica, que son meros arquetipos. Pero esto sucede en gran parte de la obra de ciencia ficción de García Lecha y es, en verdad, fácil de olvidar.

En mi calificación del 1 al 5 la puntúo con un 3.

Luis Ángel Lobato