“Guerra en Marte-II”, de Glenn Parrish

Guerra en Marte-II; por Glenn Parrish [Luis García Lecha]; autoría de la ilustración: Jorge Núñez. Barcelona: Editorial Bruguera, 1974. Colección: La Conquista del Espacio; nº 207.

  • Materias: Viajes espaciales – Colonización de planetas – Conspiraciones – Guerras entre mundos.

Portada-Guerra en Marte II

Joe Rottam, un colono terrestre asentado como agricultor en el planeta Marte-II, a dieciséis años-luz de la Tierra, tiene una próspera granja y dos graves inconvenientes: sus tierras son utilizadas para combates entre los ejércitos de los planetas Hithor y Fardil, y Marte-II está regido por un despiadado gobernador que quiere, a todo precio, apoderarse de su preciada granja.

Para solucionar sus problemas y no tener que abandonar sus propiedades y regresar a la Tierra, Joe Rottam habrá de trasladarse al planeta Hithor con el fin de rescatar a la hermosa general –de la que se ha enamorado– Rubi Horhus, desmantelar el tiránico gobierno de ese planeta y luchar contra el brutal regidor de Marte-II, Wolf Durdeen, para así recuperar sus posesiones y liberar al planeta de su opresión.

Con un tono desenvuelto y pausado y una trama imaginativa –cuando no alucinante– que acostumbra a otorgarnos Glenn Parrish/Clark Carrados en sus narraciones de «LCDE», Guerra en Marte-II se convierte una divertidísima y muy especial novela, dado el ambiente crepuscular y nostálgico en el que se mueven los personajes.

La acción –siempre muy medida– y la intriga no decaen en ningún momento, y los espacios narrativos resultan muy variados, desde la geografía casi desértica de Marte-II hasta la urbe futurista de Hithor, plagada de transeúntes ociosos, aceras deslizantes y vehículos magnéticos. Allí, en el planeta Hithor, se desarrollará la parte más admirable de la novela, dentro de un tenebroso presidio con una enorme rueda, movida por los condenados, que da energía a toda la capital del planeta. También es digna de recordar la parte final de la historia, ya en Marte-II, con el nacimiento de un río subterráneo que arruinará los planes del ambicioso Wolf Durdeen y de sus ayudantes y convertirá grandes zonas del planeta en un auténtico vergel.

Quizás el inconveniente –la verdad que poco importa– que más repercute en su trama es que la novela roza, en muchas ocasiones, la iconografía del western. El problema no es que lo podamos considerar un western espacial, que en muchos sentidos lo es; la traba surge en el momento que conseguimos trasladar sin esfuerzo muchas de las situaciones de su argumento a la iconografía aludida solo escribiendo, por ejemplo, siglo XIX en vez de siglo XXII y California en vez de Marte-II o Hithor. Esta circunstancia, a mi entender, lastra la narración hacia el estereotipo. Al igual que la mayoría de sus personajes, sin evolución psicológica, que son meros arquetipos. Pero esto sucede en gran parte de la obra de ciencia ficción de García Lecha y es, en verdad, fácil de olvidar.

En mi calificación del 1 al 5 la puntúo con un 3.

Luis Ángel Lobato

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