“El terror acecha” de Burton Hare

El terror acecha; por Burton Hare [José María Lliró Olivé]. Barcelona: Editorial Bruguera, mayo 1978. Colección: Selección Terror; nº 270.

  • Materias: goticismo – vampiros – buque maldito

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José María Lliró Olivé escribió con, entre otros, los seudónimos de Mike Cameron, Buck Billings, Clark Forrest, Delano Dixel, Gordon Lumas, Marcel D’Isard, Max Cameron, Mike Shane, Milly Benton, Ray Brady, Ray Simmons o Ricky C. Lambert, pero es más conocido como Burton Hare (seguido de Gordon Lumas). Tocó muy variados géneros, y antes de volcarse al bolsilibro parece que escribió crónica sobre su Barcelona natal ficcionada.

El terror acecha es un título tan ambiguo que detrás de él podría estar cualquier cosa, dentro del género que lo cobija, por supuesto. La novela arranca con la misteriosa muerte de una joven junto a una playa, y después se nos presenta al protagonista, un ex militar recién regresado de la India, y que pretende hacerse con su legado, un tétrico castillo al que todos los habitantes del pueblo, por supuesto, temen. Con esa urdimbre diríase convencional Burton Hare compone una narración gótica plagada de las constantes inherentes a una historia de esta índole. Solo que lo hace de una forma honesta y sólida, a tal punto que su lectura se hace gozosa. Hare, además, muestra un uso del vocabulario mucho más amplio de lo que es norma en este tipo de lecturas, si bien en una ocasión refiere “sicosinesia” en lugar de “psicoquinesia”.

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Burton Hare

De esta manera, el autor efectúa una composición clásica y agradecida, que nos hace sentir como si estuviésemos ante una película de la Hammer. Y siempre con la intención de dilatar su contenido lo máximo posible sin, por ello, medrar la acción ni irse por los Cerros de Úbeda. Por supuesto que el lector experimentado tendrá sospechas de por dónde irán los tiros. Mientras, la trama se divide entre esa serie de asesinatos que acontecen en los alrededores del castillo, y donde las víctimas parecen haber envejecido, amén de sentir placer sexual en el momento de su muerte; y la aparición de un barco maldito, de negro velamen hecho jirones, y que parece deslizarse por las aguas de la bahía en lugar de impulsarse. Todo ello, recreándose en una ambientación gótica, como se dijo.

Hasta casi pasados dos tercios de la novela no descubrimos que quienes están detrás de todo no son otra cosa que vampiros, si bien de carácter un tanto peculiar, y aún al final se nos ofrecerá otra sorpresa, también deducible, pero que está bastante conseguida, y que no destriparemos.

El resultado es una obra sencilla pero bien elaborada, que demuestra que Burton Hare es un autor a considerar.

Carlos Díaz Maroto

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