“Ataúd para ti”, de Donald Curtis

Ataúd para ti; por Donald Curtis [Juan Gallardo Muñoz]. Madrid: Editorial Rollán, 1965. Colección: FBI; nº 757.

Reediciones:

  • Pinto (Madrid): Editorial Rollán, 1972. Colección: FBI; nº 528.
  • Pinto (Madrid): Editorial Andina, 1987. Colección: Bolsilibros Easa – FBI selecciones policiacas; nº 427.

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Pese a que gran cantidad de fans del bolsilibro admiran a Juan Gallardo Muñoz, aka Curtis Garland, por sus aportaciones a los géneros del terror y la ciencia ficción, bien es cierto que también fue un contumaz cultivador de otras temáticas, como es el Oeste y la literatura criminal. Dentro de la vasta variedad de esta última, y también con el seudónimo de Donald Curtis -que es el caso que nos ocupa-, efectuó muy sólidas obras, que podrían equipararse al buen cine de serie B que se cultivó en los Estados Unidos en las décadas de los cuarenta y cincuenta.

Ataúd para ti es una buena muestra de ello, una narración plena de intriga y emoción acerca de una pareja de delincuentes, denominados «Romeo y Julieta Smith», que aprovechan el invierno y la soledad de determinados parajes para efectuar sus asaltos, y que sin el menor recato riegan de sangre cuando es preciso. Un agente del FBI se pondrá al frente del caso.

Curtis aprovecha la acción en invierno para crear una atmósfera gélida, muy bien retratada, que se transmite al comportamiento de esa pareja desalmada. La trama es sencilla y directa, si bien cabe destacar que la identidad de los atracadores se adivina con facilidad por dos motivos. Uno, porque Gallardo hace uso de una plantilla argumental que ya ha empleado en otros momentos, y en estas mismas páginas ya se mencionó este hecho. Y dos, por la honestidad del escritor, de no engañar al lector, y que pone a este sobre aviso, dejando claro un elemento hacia la mitad de la narración.

Y un elemento sorpresa, que no puedo evitar mencionar, es que, siendo una obra escrita en 1965, se muestra de modo explícito una pareja lesbiana, aunque es tratada de un modo condenatorio. No sé si ello sería a causa de una convicción propia del autor, o se veía impulsado por la censura para mostrar esta relación como de lo más abyecto.

Un elemento más, a nivel anecdótico, representa la aparición de un personaje apellidado Garland. ¿Sería a partir de esta novela que Gallardo se fijó en tal nombre, le gustó, y lo adaptó como seudónimo?

Carlos Díaz Maroto

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“El cerebro” de Clark Carrados

El cerebro; por Clark Carrados [Luis García Lecha]; ilustración de la cubierta, Cha’Bril. Barcelona: Toray, 1954. Colección: Espacio – El mundo futuro; nº 2.

  • Reedición: Toray, 1971. Colección: Espacio – El mundo futuro; nº 526.

 

  • Género – materia: ciencia ficción – exploración espacial – inteligencia artificial – sociedades extraterrestres

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Una nave terrestre debe aterrizar con urgencia en un planeta, para una reparación. Una vez solventada esta se aperciben de que, para poder despegar, deben aligerar peso dejando a un astronauta en el lugar durante tres meses, hasta la llegada de una nave de rescate. El protagonista se ofrece a ello, y cuando la nave asciende estalla en mil fragmentos. Nuestro héroe quedará solo, condenado, cuando se acaben los suministros, a morir de inanición. Pero al poco llega una nave extraterrestre con tres tripulantes muy peculiares –uno de ellos habla como un gánster, y los otros dos como personajes del Renacimiento–, que le invitan a acompañarles a su planeta. Pero en el camino los habitantes de otro se disputarán la posesión del terráqueo…

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El autor

La presente es una de las primeras novelas escritas por Clark Carrados, esto es, Luis García Lecha (1919-2005), correspondiendo al número 2 de la primitiva colección de ficción científica «Espacio – El mundo futuro». El estilo del autor ya está presente, pero aún no depurado. Utiliza largos párrafos, muy largos, a tal punto que, en muchas ocasiones, se pierde, y la construcción gramatical de las frases deja mucho que desear, y uno ha de imaginarse lo que quiere decir antes que entenderlo en realidad. Después, Lecha iría mejorando su estilo, haciendo descripciones más breves y más precisas, aunque sus tramas seguirían inmersas en la simplicidad.

Aquí, todo ese largo preámbulo que he precisado detallar para meter en situación al lector, realmente no es necesario para la historia, y semeja puro relleno para que la novela alcance la extensión solicitada. La trama en realidad se centra en esos dos planetas referidos al final, más o menos gemelos y con culturas similares, a tal punto que ambas son regidas por un gran cerebro artificial y despótico, y con una reina como segundona. Por supuesto que el protagonista es tan apuesto y machista que hará que ambas reinas caigan rendidas a sus pies. Por cierto que en un momento determinado, una de las reinas aparece armada y dispuesta a la lucha, acompañada de su séquito, lo cual hace pensar sin lugar a dudas en la princesa Leia. Además, las batallas espaciales recuerdan poderosamente a las que, más tarde, aparecerán en la franquicia Star Trek.

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El librillo es rutinario, cambia de tono constantemente, y lo mejor es cuando el cerebro de uno de los planetas se desvela como un megalómano despreciable, y se detalla como está constituido. Todo el clímax final está muy traído por los pelos, y parece una improvisación al no saber el autor muy bien cómo acabar la historia. Aunque, si nos fijamos bien, el esqueleto dramático de la historia es una versión muy libre de El mago de Oz. Con todo, si no se es muy exigente, puede suponer un sencillo divertimento.

Carlos Díaz Maroto

“Un solo ataúd”, de Silver Kane

Un solo ataúd, por Silver Kane [Francisco González Ledesma]. Barcelona: Editorial Bruguera, 1962. Colección: Punto Rojo; nº 1.

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Percy ha muerto. Magda iba a casarse con él, y ahora cree verle aún, y conversa  con él. Tiempo atrás estuvo ingresada en una clínica mental por sufrir alucinaciones. Ahora entra a trabajar en un colegio como profesora de francés…

La colección «Punto Rojo» de Bruguera resultó bastante ecléctica, dentro de lo que los anglosajones llaman «crime novel», y nosotros, de forma un tanto constrictora, «novela policial», reduciendo nominalmente el concepto a historias solo protagonizadas por policías. De este modo, la colección incluía tramas de policías, de gánsteres, de crímenes, de detectives… y, en algunas ocasiones, de suspense, misterio o hasta terror. Sospecho que Bruguera, hasta la aparición de la colección «Selección Terror», en 1973, tuvo la manga un poco ancha en «Punto Rojo», aceptando historias que bordearan la temática, mientras no incursionaran en la temática sobrenatural (la palabra “vampiro” se repite bastante a lo largo de la colección, sin que en realidad apareciera ninguno a lo largo de esta, que yo sepa).

Un solo ataúd, de Silver Kane, podría asemejarse a las películas de terror que realizó la Hammer a mediados de los sesenta, mezclando un poco a Alfred Hitchcock con Henri-Georges Clouzot. Películas como El alucinante mundo de los Ashby (Paranoiac, 1963) o El abismo del miedo (Nightmare, 1964), ambas de Freddie Francis, serían comparables en tono y forma a lo que exhibe esta novela, obra del autor de Crónica sentimental en rojo. El tono lóbrego del colegio al que va a guarecerse, más que a trabajar, Magda, es un poco como el de Las diabólicas (Diabolique, 1955), precisamente de Clouzot.

González Ledesma comete algunas ingenuidades, como que la protagonista, norteamericana, vaya a dar lecciones de francés a un colegio donde ya tienen como profesora a una francesa auténtica -que se ocupa de enseñar otras lenguas-. Y en un momento determinado dice que “las gaviotas croaron”, no sé si como error, o como una figura literaria que no acaba de cuajar. Y tenemos un médico cuyo lenguaje profesional suelta una burradas que dejan apabullado.

Dentro de ese tono de suspense bordeando el terror tenemos al héroe protagonista, que parece más propio del género negro, aunque sea marino. Y el final de la obra hace que esta transite, siquiera un breve instante, por los meandros del espionaje. Digamos que este sería el macguffin de la historia. Y como clímax final tenemos un elemento directamente copiado de una película fundamental de un director citado más arriba.

En cuanto la heroína empieza a tener visiones uno comienza a sospechar, y de inmediato viene a la mente un clásico del cine criminal, que también tiene una novela que se escribió simultáneamente al film, aunque mucha gente piense que la película es adaptación del libro (soy así de abstracto para no desvelar un detalle crucial de la trama). Y, de hecho, lo que se sospecha se confirma. Hay también un detalle, cuando solo faltan diez páginas de libro, en donde la protagonista empieza a contar cosas que trastocan por completo el enfoque de la historia. Dado que el autor llevaba a la chica como punto focal de la narración, y nosotros íbamos de su mano, no puede sino considerarse una trampa poco honesta para con el lector.

El resultado es una cosita entretenida pero poco consistente, y que, en todo caso, ofrece una guía a posteriores autores para saber las temáticas por las que la colección podría circular a partir de entonces.

Carlos Díaz Maroto

 

“Después de la invasión” de Marcus Sidereo

Después de la invasión; por Marcus Sidereo [María Victoria Rodoreda[; autor de la ilustración: Jorge Núñez. Barcelona: Editorial Bruguera, 1975. Colección: La Conquista del Espacio; nº 235.

  • Materias: Invasiones alienígenas – seres extraterrestres – telepatía – supervivencia.

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El planeta Klenox pierde la atmósfera, absorbida por su satélite, y sus extraños habitantes, unos seres escamosos con poderes telepáticos, para sobrevivir invaden la Tierra (al menos, se habla de terrestres), convirtiendo en esclavos a los humanos. Pero cuatro de esos terrestres lograrán evadirse y, adentrándose en el mar, serán recogidos por un submarino y trasladados a un complejo científico habitado en el fondo del océano, desde donde intentarán liberar el planeta y eliminar a los invasores.

La novela se centra en lo que ocurre tras la invasión, describiendo el escenario de la Humanidad esclavizada en campos de trabajo, con connotaciones mestizas entre sociedades futuristas y de épocas antiguas, y la fuga ya aludida del grupo protagonista hacia el mar, así como la vida de los terrícolas en la tecnológica estación submarina, mientras preparan el plan de reconquista.

Marcus Sidereo, a través de acciones paralelas muy bien medidas, nos narra, con mucha eficacia y tensión, las emocionantes peripecias de los protagonistas, logrando, en esta ocasión sí, una estupenda trama que no decae en casi ningún momento, y plena de situaciones que logran que el lector perciba, tras la invasión alienígena, visiones muy cercanas a lo que sería una Tierra en un periodo posnuclear, en el que los hombres son sometidos a condiciones extremas por parte de unos amos implacables.

Solo matizar que, como siempre, la autora peca en su nulo rigor científico, en absurdos fallos astronómicos y en sus increíbles dudas de cultura básica. Pero todo ello es mejor obviarlo y no dar detalles para no manchar esta interesante novela.

Por estos inconcebibles fallos que se dan al comienzo de la obra, en mi calificación del 1 al 5, la puntúo solo con un 3.

Luis Ángel Lobato