“La muerta que vivió seis veces”, de Silver Kane

La muerta que vivió seis veces; por Silver Kane [Francisco González Ledesma]; ilustración de la cubierta, Ángel Badía Camps. Barcelona: Editorial Bruguera, 1973. Colección: Selección Terror; nº 1.

  • Materia: misterio.

Hace poco, con motivo de la publicación de un comentario sobre la novela Un solo ataúd de Silver Kane, comentaba: “La colección «Punto Rojo» de Bruguera resultó bastante ecléctica, dentro de lo que los anglosajones llaman «crime novel», y nosotros, de forma un tanto constrictora, «novela policial», reduciendo nominalmente el concepto a historias solo protagonizadas por policías. De este modo, la colección incluía tramas de policías, de gánsteres, de crímenes, de detectives… y, en algunas ocasiones, de suspense, misterio o hasta terror. Sospecho que Bruguera, hasta la aparición de la colección «Selección Terror», en 1973, tuvo la manga un poco ancha en «Punto Rojo», aceptando historias que bordearan la temática, mientras no incursionaran en la temática sobrenatural (la palabra ‘vampiro’ se repite bastante a lo largo de la colección, sin que en realidad apareciera ninguno a lo largo de esta, que yo sepa).”

Precisamente el nº 1 de «Selección Terror» arranca con una novela de Silver Kane, y se adecua de muchas maneras a lo que, en tiempos, fue la colección «Punto Rojo». La narración comienza con el abandono de prisión de Clemens, acusado de matar a su esposa, aunque el cadáver nunca apareció. Ha logrado salir por buena conducta, y ahora decidirá derruir las paredes de su casa, literalmente, para hallar algún rastro de la mujer. Al mismo tiempo, el entonces torpe abogado que no logró librarlo de la prisión, Martens, comienza a investigar por su cuenta, ayudado por la buenorra de su secretaria, Marta Louvier…

Así, González Ledesma construye una historia que, en su base, es una narración criminal, con dos focos de indagación al mismo tiempo investigando un misterio. A ello se uno una tercera vía narrativa, la más “misteriosa”, la de esa mujer que, paulatinamente, va siendo asesinada por un encapuchado (y cuya identidad pronto resulta evidente). Esta vía narrativa es la que el lector puede sospechar que pueda tener algún componente sobrenatural, y la que, por supuesto, acabará confluyendo en las otras dos, solucionándose la confabulación.

El autor de La hija del vampiro (1968; «Punto Rojo» 337) ambienta la historia en París, como tantas otras de sus obras, y le otorga un tono de intriga policial muy al tono del que podrían tener las obras de autores de aquella nacionalidad como Boileau-Narcejac, por poner un ejemplo, quienes tocaron el género de una forma “pura” o impregnándolo de elementos sobrenaturales o paracientíficos. O también las películas del también galo Georges Franju, que participan de igual enfoque. Solo que, en lo que a estructura se refiere, La muerta que vivió seis veces es una historia policial con una sub-trama que podría ser fantástica.

González Ledesma narra con su característico estilo, utilizando para los momentos de tensión las frases cortas separadas de una en una por punto y aparte. Ello conduce a que la referida tensión se pierda, y la atmósfera no funcione. De todas maneras, pronto queda ante el lector expuesto el artificio sobre el cual pivota toda la historia. Y se da la curiosa característica, habitual en el autor por otro lado, de un acentuado machismo cada vez que aparece una mujer (despampanante siempre). La trama es una especie de vampirización de una película de alguien citado más arriba; no la desvelaré, porque todo se derrumbaría de cara a quien quiera leerlo por vez primera, aunque resulta un tanto evidente.

El resultado es una obra pobretona, pero que al menos resulta curiosa por la peculiar estructura con la cual está enfocada. Algo es algo.

Carlos Díaz Maroto

 

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“Reyes del espacio”, de Clark Carrados

Reyes del espacio; por Clark Carrados [Luis García Lecha]; autoría de la ilustración: Antonio Bernal. Barcelona: Editorial Bruguera, 1975. Colección: “La Conquista del Espacio”; nº 238.

  • Materias: Viajes espaciales – Planetas extraños – Intrigas políticas – Investigación.

Portada-Agosto

Estupenda narración de Clark Carrados en clave de space opera: mundos extraños, fauna delirante, viajes estelares, intrigas políticas y sosegadas aventuras se dan cita en esta magnífica y entretenida novela, una de las mejores de su autor en la colección LCDE.

Kevor Caidin, quien ha pasado su aventurera juventud en otro sistema estelar, en el conjunto planetario de Nuevo Saturno y sus Cinco Satélites, ayudando a su nuevo rey e íntimo amigo Sthuvros en sus tareas pacificadoras, ha regresado a la Tierra.

Diez años después, Kevor Caidin, en su mansión terrestre, recibe la visita de la joven Perla Uttis para contratarlo como piloto de una nave que la traslade, precisamente, a Nuevo Saturno en busca de una herencia materna rodeada de misteriosas coincidencias. Al mismo tiempo, Caidin, a través de un medallón que une instantáneamente sus sentimientos con los de su amigo Sthuvros, comprueba que este ha muerto. Y de nuevo nuestro protagonista, con la bella Perla Uttis, emprende el retorno hacia el planeta donde transcurrió su juventud y así desvelar lo sucedido al rey Sthuvros y aclarar los enigmas que rodean a la oscura herencia de su compañera de viaje. Pero hay conspiradores que no desean que lleguen a buen puerto y convertirán el viaje que se realiza a través de sucesivos saltos por el hiperespacio en una auténtica pesadilla, así como su posterior estancia en el sistema planetario de Nuevo Saturno y sus Cinco Satélites.

La narración, con el tono intimista, melancólico, nostálgico y crepuscular propio de su autor, incide abiertamente en los sentidos y en los sentimientos, ofreciéndonos pasajes magistrales en los satélites de Nuevo Saturno, con una fauna y flora alucinante (osos gigantes, árboles carnívoros, ciénagas insondables), o entre los anillos laberínticos del planeta, formados por asteroides de hielo y roca en los que se abren tenebrosas cavernas y mortíferos precipicios.

Estamos, pues, ante una novela –eso sí; todos los personajes son de una sola pieza y sin apenas evolución psicológica (es, casi siempre, lo normal en nuestro autor)– que, aunque sigue las temáticas distintivas de García Lecha, como son los viajes siderales con sus azarosos sucesos, la acción siempre comedida, las conspiraciones políticas interestelares, la investigación y los imprevistos toques de tipo surrealista o del absurdo, ofrece algo más de lo que se espera: se nos lanza, con inteligencia, una espléndida carga sensorial y de suave tristeza, con descripciones coloristas cercanas al impresionismo, que envuelve una trama divertida, emocionante y muy bien contada.

En mi calificación del 1 al 5 la puntúo con un 4.

 

Luis Ángel Lobato