“Mutaciones infinitas”, de Lou Carrigan

Mutaciones infinitas; por Lou Carrigan [Antonio Vera Ramírez]; ilustración de la portada, Enrique Martín. Barcelona: Editorial Bruguera, 1982. Colección: La Conquista Del Espacio Extra; nº 7.

  • Género – materia: ciencia ficción – suspense – mutantes – extraterrestres

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Es este un bolsilibro inquietante debido al planteamiento que, en un momento de la narración, uno de los personajes principales deduce: ¿somos nosotros mutaciones venidas quizás de otro planeta? Esta es la esencia que he sacado al leer este bolsilibro que, aunque encuadrado en una colección de ciencia ficción, creo que merecería estar en el suspense psicológico.

Se trata de una nave espacial que es absorbida por un cuerpo extraterrestre de origen desconocido que, después de este hecho, impacta en nuestro planeta y se desgaja en múltiples pedazos que simulan un “bollo”, expresión esta que me ha causado mucha gracia, pues a este bollo se le bautiza con el nombre de “Mammy”, dentro de la cual se escucha un inquietante sonido, como de piar de multitud de pájaros… Y aparece gente asesinada, y “Mammy” da a luz, y aparecen científicos y policías muy peculiares…

 Creo que este es, como dije, uno de los bolsilibros más peculiares que he leído, porque no cae en demasiados tópicos del género. Y reitero  una vez más y concluyo la propuesta tan inquietante que nos hace dentro de sus páginas.

Andrés Ramón Pérez Blanco

 

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“El planeta de las células” de Marcus Sidereo

El planeta de las células; por Marcus Sidereo [María Victoria Rodoreda]; autoría de la ilustración: Antonio Bernal. Barcelona: Editorial Bruguera, 1976. Colección: La Conquista del Espacio; nº 288.

  • Materias: Mundos extraños – Holocaustos planetarios – Miniaturización – Robots asesinos – Misterio.

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Una de las más brillantes novelas de Marcus Sidereo dentro de la colección «La Conquista del Espacio». Al igual que sucede en otros de sus títulos cumbres como El límite, Plasma viviente o Cementerio espacial, una vívida mezcla de ciencia ficción y  misterio con toques de terror inunda sus páginas.

Tres astronautas, perdidos en un desolado planeta cubierto por un inmenso desierto, encuentran lo que parece ser un trozo de mástil metálico emergiendo de la arena. Con el tiempo, una vez despejado el entorno, comprueban que  se trata de la gigantesca aguja de un edificio enterrado. Y, a través de una oquedad abierta en la inmensa base de esa edificación, los tres hombres penetran en su   interior, recorriendo sus oscuras plantas y recintos, hasta descubrir la alucinante realidad: el planeta fue cubierto de arena por una cataclismo atmosférico; sus habitantes eran gigantes con forma humanoide que fueron disminuidos por dos científicos, hasta alcanzar el tamaño de células, para poder sobrevivir; unos ciclópeos robots construyeron todo un entramado subterráneo antes de que sus pobladores fuesen convertidos en células; y esos robots recibieron la orden, por parte de uno de los científicos, de exterminar cualquier forma de vida ajena al planeta.  Así, los tres viajeros siderales están condenados a una muerte casi segura.

No añadiré más que estas breves pinceladas descriptivas para no desentrañar la atractiva e intensa trama de la narración, dejando que el lector se deleite con esta aventura.

Con una atmósfera cargada de suspense, unos personajes bien definidos y un ritmo narrativo ágil, trepidante por momentos, y continuo, la novela, en la que brilla su espíritu claustrofóbico y casi terrorífico, va desvelando los secretos argumentales paso a paso, entre escenas cargadas de tensión, sin que se sospeche, con certeza, lo que sucederá más adelante.

El clima es de asombro, de una rara sensación onírica, involucrándonos en cada página –lo que es de agradecer en una autora que no suele conseguirlo siempre– con acontecimientos imprevistos y muy bien ejecutados.

Y, al final, en la conclusión, cuando los protagonistas viajan de nuevo hacia otro sistema estelar, aflora una sorpresa. Pero para averiguarla hay que leer, con sosiego, esta entretenida y estupenda historia.

En mi calificación del 1 al 5 la puntúo con un 4.

Luis Ángel Lobato Valdés

“El dragón volador” de Ralph Barby

El dragón volador; por Ralph Barby [Rafael Barberán]; autor de la portada, Segrelles. Barcelona: Editorial Bruguera, 1985. Colección: La conquista del espacio; nº 742.

  • Género – materia: ciencia ficción – fantasía – dragones – robots – mundos utópicos

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Una deliciosa y entrañable historia fantástica a cargo de uno de los autores más prolíficos del género, Rafael Barberán, quien en esta ocasión nos hace surcar los espacios exteriores de la mano de Lluny Flat, Roure y el simpático androide Nan, a bordo de la cosmonave Fura. Pronto dan con el sabio Lotus, el cual les encomienda la misión de arribar al planeta Torio, uno de los más pacíficos y en calma del universo, advirtiéndoles de las peligrosas intenciones de Volfram, el pirata galáctico.

Grandes aventuras nos aguardan a bordo de esta nave y de este bolsilibro, por medio de cantos a un mundo sin belicismo, ni odios, como paradoja de un mundo irreal, siempre fuera de este.

Me ha gustado mucho la trama, que resulta muy sencilla, efectista y efectiva, y está muy bien llevada y resuelta con la precipitación adecuada. Es, al menos así yo lo entendí, una pequeña gran fábula fantástico-espacial. Como antes puse, me ha parecido un delicioso y entrañable ejercicio, que siempre aporta frescura. Y no nos olvidemos del dragón que da título al texto, impresionante invención del sabio Lotus en Errabund, que es el nombre de su morada. Muy entretenido y un bálsamo para cuando tengan un día muy gris.

Andrés Ramón Pérez Blanco

“Joyas del suspense”, de Curtis Garland

Joyas del suspense; por Curtis Garland; portada de Nicolás Martínez Cerezo; introducción de A.C.H.A.B.; prólogo de Carlos Díaz Maroto. Sevilla: A.C.H.A.B., 2017. Colección: A.C.H.A.B.; nº 06.

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Nueva entrega de la soberbia colección que A.C.H.A.B. está ofreciendo a los amigos de los bolsilibros, en esta ocasión se centra en el escritor Curtis Garland, esto es, Juan Gallardo Muñoz, y bajo el apelativo de “Joyas del suspense” reúne cuatro novelas editadas por Bruguera, tres aparecidas en la colección «Servicio Secreto», la última en «La Huella». Son historias, en teoría, que entran dentro del estereotipado término de “policíaco”, pero están muy bien escogidas pues aportan un enfoque más vigoroso de lo normal. El término “suspense” está bien aplicado al título, pero incluso así tenemos una orientación más poliédrica.

El ejemplar se presenta con una portada muy pop-art, que refleja bien la época en que fueron publicadas las historias originalmente, y cuyo autor es Nicolás Martínez Cerezo. Le sigue una introducción por parte de los responsables de la editorial, siempre necesaria, y que explica en cierta manera el criterio de selección de los títulos escogidos. Y a continuación viene un prólogo, cuyo autor soy yo mismo, por lo cual correré sobre él un tupido velo.

La edición se brinda con lomo flexible, una tipografía clara y legible, siendo el resultado de gran calidad y altamente recomendable. Y al fin, claro, vienen las novelas, que paso a reseñar brevemente una a una:

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El «dossier» escarlata

E.O.: Bruguera, agosto 1972. Servicio Secreto nº 1097.

  • Género – materia: policíaco – megalómanos

 

La presenta novela ofrece una estructura peculiar, pues va entrando poco a poco en la historia, ofreciendo una perspectiva poliédrica del entorno donde se ubica, las oficinas del FBI en la ciudad de Chicago, en 1961. Ahí, la llegada de un novato propicia que los veteranos decidan hacerle una broma, pasándole el expediente de un caso que quedó sin resolver, y que aconteció veinte años atrás. El muchacho lo acepta entusiasta y procede a su lectura, y así la acción retorna a 1941, poniéndonos al corriente del caso, en un truco narrativo un tanto similar al que Garland ofrecería, precisamente, en la muy inmediata El manuscrito del “Destripador”[1]. En ese contexto, se nos ofrece una reunión de mafiosos, el jefe de los cuales aporta llevando una máscara que representa una calavera, en un tono que remite a los fumetti italianos, o también a una película alemana del ciclo krimi que adaptaba las novelas de Edgar Wallace, La marca del escorpión (Im Banne des Unheimlichen, 1968), de Alfred Vohrer.

Lo mejor de la novela es esa estructura, donde una narración del pasado intercepta una del presente, y la diferente confluencia de personajes. Como es norma en Garland, su honestidad nos hace adivinar de inmediato quién es el malo, pese a que esta vez haga una ligera trampa al no desvelar un detalle crucial sobre él…

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Los tentáculos del terror mundial

E.O.: Bruguera, mayo 1979. Servicio Secreto nº 1500.

  • Género – materia: policíaco – espionaje – terrorismo

 

Esta es una obra insólita dentro del mundo del bolsilibro. Es, desde luego, un thriller con toques de espionaje. Pero también es una obra de tesis política y social, que reflexiona sobre el estado de nuestro mundo. Publicada en 1979, no cabe duda de que aún hoy en día resulta lamentablemente actual. Garland especula acerca de unas fuerzas ocultas y poderosas que dominan el mundo, de distinto signo ideológico, porque en realidad hacen uso de las diferentes ideologías de los fanáticos que les sirven para ejercer un poder económico mundial. En su día puede que pareciese un tanto conspiranoico, pero en la actualidad resulta del todo plausible.

Garland articula toda la narración por medio de una intriga, como se dijo, que podría recordar inclusive las películas de James Bond, con el protagonista viajando a diferentes partes del mundo y utilizando gadgets muy bondianos. Un fallo, eso sí, se da en la obra, y es que si aparecen dos bellas féminas que pudieran al final acabar en brazos del héroe, una de ellas debe desaparecer, por lo cual no resulta difícil decidir los motivos que mueven a una de ellas.

Con todo, la presente es una de las novelas más peculiares de toda la historia del bolsilibro, y que merece una atención a fondo.

peces

Peces del infierno

E.O.: Bruguera, febrero 1980. Servicio Secreto nº 1539.

  • Género – materia: policíaco – ciencia ficción – animales mutados

 

Una absoluta rareza. Una historia que encaja perfectamente dentro de la colección «Servicio Secreto», pues tiene una intriga de agentes y megalómano de turno, al estilo James Bond y sus némesis. Sin embargo, también existe una sub-trama de ciencia ficción, con animales marinos mutados y convertidos en gigantes. Entre esos animales hay tiburones, y de hecho se menciona la película de Spielberg, si bien, por misteriosos motivos, se evita aludirla directamente.

En el lado negativo, sin embargo, cabe apuntar que es una de las novelas peor cuidadas por parte de Curtis Garland, en lo que a redacción se refiere. Los fallos de sintaxis son abundantes, y da la impresión de que esta obra la escribió más deprisa de lo que era norma en la época, pues hay errores a mansalva. No solo un fallo característico en él como era la profusión de posesivos –algo inherente, por cierto, a muchos autores españoles, demasiado acostumbrados a leer (malas) traducciones del inglés–, sino que la construcción gramatical de muchas frases resulta terrible. Lástima, porque la simpatía y vigor de la historia hubiera incitado una obra de gran valía.

A tenor de lo referido, cabe plantearse una pregunta: en reediciones como la presente, ¿ha de dejarse el texto tal cual, para respetar tal como apareció la obra originariamente –salvo la pertinente corrección de errores orto-tipográficos– o por el contrario habría que hacer una corrección de estilo? Yo tengo mis dudas y no lo tengo tan claro…

ojos 

El miedo tiene ojos

E.O.: Bruguera, febrero 1976. La Huella nº 68.

  • Género – materia: policiaco – intriga – ciencia ficción – avances científicos

 

Cautivante aventura policial con ecos de fantástico y de terror, vendría a ser una especia de relectura de Las manos de Orlac, solo que aquí sería Los ojos de Orlac. El protagonista es un exitoso guionista de series de televisión, al estilo de Banacek o McMillan, que resulta ciego en un accidente de coche. Después, un asesino comenzará a rondarle.

Donald Curtis Garland aplica su buen estilo narrativo, y la trama atrapa al lector, planteando un desarrollo interesante que induce a no dejar la lectura. Las novelas que aparecían en «La Huella», por lo general, solían ofrecer un lustre literario superior a la norma en los bolsilibros, y en esta ocasión la regla se cumple. Muy recomendable.

Carlos Díaz Maroto

 

[1] Barcelona: Bruguera, 1972. Colección: Servicio Secreto; nº 1145.

“Elia, reina de Júpiter”, de Austin Tower

Elia, reina de Júpiter; por Austin Tower [Agustín de la Torre Rodríguez]; autoría de la ilustración: sin firma, probablemente Chábril. Barcelona: Ediciones Toray, 1956. Colección: Espacio. El Mundo Futuro; n.º 27.

  • Género – materia: ciencia ficción – space opera – sword & planet

Elia reina de Jupiter

En España, la ciencia ficción de quiosco siempre anduvo varias décadas por detrás respecto a la publicada en las revistas norteamericanas. La causa más importante, no cabe duda, fue su objetivo de mero entretenimiento sin ambición intelectual; pero creo no equivocarme cuando advierto que las influencias manejadas por aquellos autores artesanos de los años cincuenta procedían más del cine de serie B, como Planeta prohibido, Ultimátum a la Tierra o La Tierra contra los platillos volantes, que de la literatura de la Era de Campbell, que seguramente desconocían. Así, las narraciones que podemos leer en Luchadores del Espacio o Espacio El Mundo Futuro están más próximas a E. E. Smith, Ray Cummings o al primer Edmond Hamilton que a sus contemporáneos Asimov, Heinlein, Sturgeon o Clarke.

Es esa ausencia de referentes literarios lo que podría explicar que el autor de ciencia ficción aventurera más publicado en nuestro país, ya desde los años veinte, apenas dejara marca perceptible en nuestra ciencia ficción popular. Me estoy refiriendo a Edgar Rice Burroughs y sus novelas de sword & planet, como las aventuras marcianas de John Carter o las vividas en Venus por Carson Napier. Me bastaría una mano, y aun me sobrarían dedos, para contar los bolsilibros que hayan empleado los recursos de este subgénero de la fantasía.

Uno de ellos, y modélico en su ejecución, es Elia, reina de Júpiter, de Austin Towers. Autor poco fecundo, publicó novelas de otros géneros en Toray, pero para Espacio, colección casi monopolizada por Luis García Lecha y Enrique Sánchez Pascual bajo diversos seudónimos, solo escribió dos títulos, el que nos ocupa y El viajero de Saturno, en el número 35.

Me atrevería a afirmar que Towers fue lector atento de Burroughs y aplicó sus enseñanzas con toda exactitud. Para empezar, la novela está narrada en primera persona, como tantas del autor norteamericano, y nos cuenta cómo mediante un método más místico que científico, una suerte de trance hipnótico, nuestro héroe verá proyectado su espíritu a través del espacio hacia otro planeta: Júpiter. En realidad este Júpiter se parece bien poco a lo que la ciencia nos cuenta del gigante gaseoso, aunque todos sabemos, después de disfrutar a Burroughs, Kline o Brackett, que la verosimilitud no es lo primordial en la sword & planet.

Lo primero que verá el recién llegado será a unas criaturas parecidas a arañas gigantescas con una docena de patas, pinzas letales y piel acorazada combatiendo entre sí por devorar una carroña. El espíritu de nuestro protagonista tomará posesión de una de esas criaturas, se convertirá en líder de la manada después de derrotar en combate a unas cuantas de ellas y las conducirá a la libertad fuera del pozo donde estaban prisioneras. A continuación se trasladará al cuerpo de otra criatura de aspecto humanoide, aunque sus miembros sean tentáculos y su cabeza un único ojo enorme. Visitará algunas ciudades, se proveerá de armas y vehículo, y sufrirá abundantes peligros, siempre acompañado por un fiel zolo, una de las criaturas arácnidas, del mismo modo que a John Carter le secundaba su particular perro marciano. Tras su encuentro con una maligna reina bruja de edad milenaria se encarnará por primera vez en un cuerpo completamente humano. Protegido por un talismán que le procura fuerza inaudita y le permite dar saltos prodigiosos en el aire (otro detalle que nos recuerda a John Carter), partirá en busca de la bella Elia, emperatriz del planeta adorada casi religiosamente por sus súbditos. Como en toda narración de este tipo que se precie, asistiremos a la exploración de territorios desconocidos, a la amenaza de depredadores y villanos desmesurados, a sangrientos combates y al inevitable circo donde nuestro héroe habrá de luchar en la arena para salvar la vida y reivindicar su hombría. Finalmente el amor será la mayor recompensa a tantos esfuerzos.

De un modo habitual en el sword & planet, la narración se construye mediante el encadenamiento de peripecias, más cercana a la novela bizantina o de caballerías que a la estructura cerrada del clásico planteamiento, nudo y desenlace. La historia podría prolongarse todo cuanto el autor quisiera, pues bastaría encajar una nueva aventura en la trama sin resentirse el producto final. Este desarrollo, que quizá habría quedado cojo en el corsé de otras colecciones, funciona muy bien en Espacio El Mundo Futuro, pues sus volúmenes eran, aproximadamente, una tercera parte más extensos que las novelitas a las que luego nos acostumbraría Bruguera. Agustín de la Torre consigue una narración emocionante, imaginativa, hasta audaz en algunas propuestas, que se desarrolla con un estilo fluido, épico en los combates. Creo no exagerar cuando afirmo que si, en vez de publicarse en una colección de novelas de a duro, hubiera aparecido con tapa dura para las librerías y, sobre todo, treinta años antes, hoy, en lugar de ser una novela desconocida para la mayoría de aficionados al género, bien podría haberse convertido en un agradable clásico menor de nuestra ciencia ficción.

Armando Boix

 

“La necrópolis del espacio” de Joseph Berna

La necrópolis del espacio; por Joseph Berna [José Luis Bernabéu López]; autoría de la ilustración: Miguel García. Barcelona: Editorial Bruguera, 1980. Colección: La Conquista del Espacio; nº 510.

  • Materias: viajes espaciales – seres alienígenas – naves abandonadas – robots – erotismo – humor.

B) Portada-La necrópolis del espacio

Una expedición terrestre se topa, en un lejano sector del espacio, con una serie de naves abandonadas. Una de las naves es, con toda claridad, de origen extraterrestre. Para desvelar qué misterio se oculta en aquella extraña agrupación de navíos estelares, un grupo de seis astronautas, tres mujeres y tres hombres, se introducen en una de las naves de origen terrestre.

Con este interesante argumento que Joseph Berna propone, las posibilidades de la narración podrían dirigirse hacia varias direcciones. Y nuestro autor elige la más apropiada para desarrollar su particular mundo literario: la del humor nada soterrado y la del pícaro erotismo, olvidándose del material narrativo en el que a priori nos introdujo.

Ya en el primer capítulo, sin ninguna causa aparente, se apunta hacia un nada despreciable erotismo que se irá convirtiendo en el puro fundamento de toda la trama. Y es que, durante prácticamente toda la novela, los seis protagonistas, sin venir, realmente, a cuento, están en pelotas, mirándose sin tapujos unos a otros, con tocamientos incluidos y otras complacientes audacias, intentado salvar sus vidas de un grotesco alienígena con un aspecto muy del gusto pulp, que se alimenta de la sangre de las pobres víctimas que apresa, y de un casi invencible robot.

Nos encontramos, pues, ante un puro esparcimiento que quizás hubiese sido más estilizado –solo en mi opinión– moderando los consabidos diálogos graciosos y las exhibiciones sexuales, en mitad de un peligro inminente y mortal, por parte de los personajes, y atendiendo un poco de reojo a la verosimilitud del asunto.

Berna –bien lo sabemos– podría haberlo realizado: escribir una obra más “seria” y canónica de ciencia ficción. Pero su virtud consiste exactamente en eso: en el desenfadado absurdo, en el surrealismo hilarante y en la total irreverencia del contenido, lo que nos proporciona unas estupendas horas de lectura y de pura diversión.

En mi calificación del 1 al 5 la puntúo con un 3.

 Luis Ángel Lobato Valdés

 

* El título inicial de la novela que se ha comentado iba a ser Cementerio espacial, pero ya existía ese título en otra novela anterior en la misma colección «La Conquista del Espacio», en su nº 243, cuyo autor –autora– era Marcus Sidereo, por lo que Berna tuvo que cambiarlo al definitivo La necrópolis del espacio. (Dato que me ha ofrecido, con su habitual cariño y amabilidad, el propio autor, José Luis Bernabéu López).

“Colores de violencia”, de Curtis Garland

Colores de violencia; por Curtis Garland [Juan Gallardo Muñoz]; ilustración de la portada, Almazán. Barcelona: Editorial Astri, 1989. Colección: Grandes Aventuras: nº 53.

colores de violencia curtis garland

Os presento aquí un número muy buscado de una colección de las llamadas míticas, de esas que siempre se desea obtener algún ejemplar. Los aficionados al género me entenderán, y mucho, aquí.

Se nos muestra en estas páginas un Curtis Garland un tanto crepuscular, pero en plena forma, que nos lleva en volandas y en trepidante viaje a la ciudad de Nueva York, a su distrito más conflictivo, el Bronx, donde hispanos y negros, “Halcones” y “Warriors”, tienen amenazada a la población, y entren ellos mismos se pelean de forma terrible. Para controlar estas guerras callejeras la Policía Metropolitana nombra a los mosqueteros del Bronx, dos hombres y una mujer totalmente opuestos en su manera de proceder, pero que juntos son temibles en sus actuaciones.

A todos estos problemas se le une una terrible mafia distribuidora de drogas en el distrito, que no ceja en querer aumentar su negocio a costa incluso de asesinatos a sangre fría y de servirse, de forma vil, de sendas bandas callejeras. También tenemos un sádico violador que mantiene amenazadas a las jóvenes del lugar, a las que causa una horrible muerte una vez consumados sus horrendos actos.

Todo esto y mucho más en este muy entretenido bolsilibro, que te hace sentir en el mismo distrito, oliendo el peligro en cada página.

Recomendable al ciento por ciento. Y si tienen ustedes la suerte de cazar este ejemplar, como yo la tuve, no lo dejen escapar.

Andrés Ramón Pérez Blanco