“Fuente de vida y muerte”, de Glenn Parrish

Fuente de vida y muerte; por Glenn Parrish [Luis García Lecha]; autor de la ilustración de portada: Alberto Pujolar. Barcelona: Editorial Bruguera, julio 1975. Colección: La Conquista del Espacio; nº 258.

  • Materias: Viajes espaciales – Planetas hostiles – Aventuras – Conspiraciones.

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Entretenida narración donde un cosmonauta viaja, para cumplir una condena, a un planeta en busca de una sustancia asombrosa, “Tridium”, pero, una vez conseguida, significará su propia muerte por el alto poder radioactivo. En su peregrinar por el planeta Swótari, nuestro héroe, Egon Durrell, en compañía de la nativa Issya comprenderá que ha sido víctima de una traición. Y, como es natural, tratará de remedirlo.

A destacar la primera parte de la novela, ambientada en la zona polar del planeta, en la que los protagonistas –sin evolución psicológica, como es la costumbre en el autor, y por la reducida extensión del argumento– deberán atravesar, subidos en un amplio trineo, lo que creen un mar congelado, pero lentamente se va convirtiendo en un inmenso río.

También es preciso mencionar la colorista descripción –y lo que allí sucede– de un interminable bosque plagado de enormes plantas carnívoras que los dos héroes han de atravesar hasta descubrir la ubicación de ese prodigioso mineral, “Tridium”, capaz de otorgar la vida y la muerte a los que lo alcanzan.

Por otro lado, la trama es muy vistosa y amena, con una magnífica –ya lo he insinuado– variedad geográfica: hielos perpetuos, bosques tenebrosos, ríos inconmensurables… Pero también ciudades y otros ambientes urbanos futuristas.

La novela contiene todos los ingredientes usuales del autor cuando firma como Glenn Parrish: ritmo pausado, mezcla, casi sin transición, de géneros, exotismo, variedad de espacios narrativos, componentes irracionales y hasta absurdos… Y es curioso; cuando Luis García Lecha firma como Clark Carrados –ya lo he mencionado en alguna otra ocasión– suele escribir tramas con ritmo también pausado, pero con contenidos más racionales, más específicos de ciencia ficción, y con –como es natural– menos elementos de fantasía.

En mi calificación del 1 al 5 la puntúo con un 3.

Luis Ángel Lobato

“Un cadáver a medida”, de Charles Mitchell

Un cadáver a medida; por Charles Mitchell [Carlos Miguel Martínez]. Barcelona, Buenos Aires: Editorial Bruguera, 1954. Colección: Servicio Secreto; nº 221.

  • Reedición: Barcelona: Bruguera, 1962. Colección: Selecciones Servicio secreto; nº 14.

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En los años cincuenta, Charles Mitchell -esto es, Carlos Miguel Martínez (1925-2017)- escribió un puñado de novelas policiales con destino a los bolsilibros que, por aquel entonces, ya publicaba Editorial Bruguera. Acceder a obras de esta época es muy difícil, tanto propias de este autor y de otros, por lo cual el presente análisis queda circunscrito a valorar este título por sí mismo, sin tener opción de lograr crear una perspectiva comparativa con el resto de publicaciones que se hicieron por aquel entonces.

Eso sí, comparado con bolsilibros posteriores se percibe un tono muy diferente, no sé si por obra del propio Carlos, y persiste la duda de si el nivel de la época era similar a la de Un cadáver a la medida.

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Lo primero que viene a la cabeza, una vez se comienza la lectura de esta novela, son las películas de cine negro de la Warner. Charles Mitchell también era un consumado cinéfilo, en especial del cine clásico, y no me cabe la menor duda de sus preferencias en ese sentido. Que el personaje principal sea un camionero, y que en un parada de carretera sea abordado por la característica fémme fatale del cine noir, hace que de inmediato se rememore una joya del género como es La pasión ciega (They Drive By Night, 1940), de Raoul Walsh, que arranca exactamente igual y, una vez asumes eso, no es difícil imaginarse al protagonista en los rasgos de Humphrey Bogart.

A partir de ahí, el apellidado Kane se vez mezclado en una turbia historia donde lo secuestran, golpean y su compañero de viaje, que en teoría quedó a la espera, borracho, en una población anterior, aparece muerto en el compartimento de carga. El personaje comenzará una huida de la policía para demostrar su inocencia y descubrir el motivo de todo lo que acontece. Es sorprendente hallarse, en una obra de esas fechas, una explícita relación homosexual entre el jefe de la banda -un tipo seboso y sudoroso, al estilo de Victor Buono-, que tiene como amante al más jovencito y delicado de sus acólitos. Pese a que, por supuesto, no se dice nada en ese sentido, la relación entre ambos queda más que evidente.

Amén de esto tenemos violencia, diálogos secos e ingeniosos, muertes, palizas y huidas. El resultado es una trama que, literariamente, podría considerarse como una mezcla entre Dashiell Hammett y Fredric Brown. El nivel es bastante superior al de la media posterior de los bolsilibros, pero, sobre todo, el portentoso final da un giro sorprendente absolutamente inédito en este tipo de literatura.

Una joya absoluta, que debiera reeditarse, y que tampoco chirriaría que apareciera en una colección como la de RBA.

Carlos Díaz Maroto

 

 

En la muerte de Charles Mitchell

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Este aciago lunes, 13 de febrero de 2017, amanece con la triste noticia de la muerte de Charles Mitchell. Charles Mitchell, o también Carlos Miguel Martínez, nacido en Madrid en 1925. Fotógrafo de profesión, y aventurero de vocación, durante una etapa de su vida también se dedicó a la escritura de bolsilibros. Un puñado, nueve en total, publicado por Editorial Bruguera, entre la década de los cincuenta y principios de la de los sesenta, y después, por desgracia para los aficionados a la lectura de este tipo de obras, desapareció del panorama. Según me contó personalmente, en uno de sus viajes descubrió en Portugal una de sus novelas, traducida, y de la que no tenía noticia. Así pues, cortó por lo sano y ya no publicó más.

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El autor, junto al estudioso David Panadero

Era un gran aficionado al noir más visceral, enérgico. Sus novelas son impactantes, directas, con personajes estupendamente descritos. Alguien comentó, y sin exagerar, que podría haber sido publicado al lado de los maestros estadounidenses del género.

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Pese a haber abandonado la publicación, en realidad nunca dejó de escribir, y ha dejado a la posteridad algunas obras inéditas. Pude leer una de ellas, sobre un psicópata francotirador, que me pareció excelente. Un personaje descrito con energía, que encuentra un alma gemela para llevar a cabo su enfermiza labor. Era una historia de intriga, pero también un perturbador retrato de unos personajes arrostrados por la fatalidad y la desesperación.

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Un hombre cordial, intenso y amante de narrar su trepidante vida, siempre lo recordaremos. Descansa en paz, amigo. Hasta siempre, Carlos.

“El acuario”, de Ralph Barby

El acuario; por Ralph Barby [Rafael Barberán Domínguez]; autor de la ilustración: Salvador Fabá. Barcelona: Editorial Bruguera, 1975. Colección: La Conquista del Espacio; nº 248.

  • Materias: Mundos colonizados – Sistemas totalitarios – Supervivencia – Telepatía – Seres alienígenas.

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Una magnífica narración, plena de tensión, con una prosa enérgica y un ritmo desbordante es lo que nos ofrece el maestro Ralph Barby en este relato donde, a través de una serie de aventuras espaciales, se logra una clara crítica a los sistemas totalitarios (en este caso de corte militar y fascista), donde un jefe supremo –el tiránico mariscal Cinabrius– somete, con la ayuda de sus poderes telepáticos y sus atroces guardianes, a los terrestres, que ya han colonizado los planetas Mercurio, Venus, Marte y los satélites de Júpiter.

El mayor Flack Faraday y diecinueve compañeros son acusados de alta traición al sistema político imperante y condenados a veinte años de prisión, en régimen de trabajos forzados, en el temible complejo minero del mayor satélite de Júpiter y del Sistema Solar, Ganímedes.

Pero tras realizar una fuga, nuestro héroe, Faraday, comprobará una terrible realidad: Cinabrius, que habita en Ganímedes, es un horrible ser acuático alienígena (uno de los más curiosos entes extraterrestres de la ciencia ficción española, creado magistralmente por Barby) con inmensas fuerzas mentales capaces de someter a toda la Humanidad. Pero habrá que leer esta novela para poder disfrutar de todas sus vicisitudes argumentales.

Nos encontramos, pues, ante una obra que no nos deja, gracias a su intriga, descanso, con descripciones muy naturalistas, de factura cinematográfica (en algún momento parece que la maravillosa Atmósfera cero se inspirase en ciertos ámbitos narrativos de El acuario), escrita con inteligencia y destinada a lectores inteligentes.

En mi calificación del 1 al 5 la puntúo con un 4.

Luis Ángel Lobato

 

“El Orden Estelar 1”, de Ed. Robel

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  • El Orden Estelar 1; por A. Thorkent [Ángel Torres Quesada]; ilustración de portada, Luis Royo. Barcelona: Ediciones Robel, julio 2003. Contenido: “Prólogo”, por Domingo Santos; “Introducción”, por Ed. Robel; “Rebeldes en Dangha”, por A. Thorkent; “Los brujos de Lero”, por A. Thorkent.

Ediciones originales:

  • Rebeldes en Dangha; por A. Thorkent; ilustración de portada, Ángel Badía Camps. Barcelona: Ed. Bruguera, 1972. Colección: La Conquista del Espacio; nº 127. Saga: El Orden Estelar; nº 1.
  • Los brujos de Lero; por A. Thorkent; ilustración de portada, Antonio Bernal. Barcelona: Ed. Bruguera, enero 1973. Colección: La Conquista del Espacio; nº 98. Saga: El Orden Estelar; nº 2.

Primer volumen de la saga del Orden Estelar de Torres Quesada publicado por Robel, como puede comprobarse por las fichas técnicas, la segunda novela antecede a la primera en un año en su redacción. Destaca la peculiaridad de que en Rebeldes… se utiliza la palabra cíborg en su antigua acepción en inglés, cyborg, y en Los brujos… en una extraña contracción, cybor. Por lo demás, recuerdo muy remotamente haber leído el primer libro hace mucho, en la edición de Bruguera, y solo me quedaba la trama general de un modo muy peregrino. En esta lectura me da la impresión de que se ha retocado, añadiendo palabrotas -quizás para eliminar los tópicos “hijos de perra”- y, en el segundo, variando elementos para no parecer machista -la inclusión final de mujeres en la batalla-. Si alguien me puede solventar esa duda, lo agradecería.

Por lo demás, ambas novelas comparten una estructura muy similar. Así, en las dos el protagonista es un forastero que se implica en la lucha de los habitantes de un planeta, explotados por un poderoso. En la trama también aparece una chica, que se desvinculará inicialmente del grupo al que pertenece para implicar al héroe. De todas maneras, ambas novelas poseen una personalidad propia y, la verdad, son bastante agradables de leer.

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Rebeldes en Dangha nos expone la corrupción del Sistema por medio del ejército: al planeta Dangha periódicamente va destinado un responsable militar para controlar a los habitantes, que no parecen aceptar de muy buen grado la colonización. Cada vez que un alto mando llega al lugar, se dedica a expoliar a los lugareños, quedándose con gran parte de los impuestos que van destinados a la Tierra, e incluso cargándoles con algunos más. Cuando se licencian, se largan del lugar podridos de dinero. Cuando empieza la novela llega al lugar un nuevo comandante, y viene acompañado por el protagonista, hijo de un antiguo héroe, y al que el primero intenta convertir en chivo expiatorio si se descubre el tejemaneje que se traen.

La trama es solvente, y se hace uso, en especial, de unos excelentes diálogos, amén de un diseño de personajes hábil, retratados con economía descriptiva y fuerza expresiva.

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En Los brujos de Lero quien llega al planeta es un ingeniero, requerido por una tribu del lugar que dispone de poderes paranormales, en particular telepatía. En el bando de los malos está Arh Manara, un señor de la guerra que desea exterminar a los cricdos; lo acompaña su fiel servidor, uno de los mejores personajes con el que uno ha podido toparse en el universo bolsilibro: es un sádico, asexual y rinde pleitesía a su señor. Con estos ingredientes, y con el héroe, claro, se narra con gran vigor una historia donde la capacidad mental de los cricdos tiene importancia. Según parece, se extendieron por otros planetas, por lo cual es posible que nos los volvamos a topar en alguna otra entrega den Orden Estelar.

Carlos Díaz Maroto

“Repugnante festín y otros relatos”, de Franklin Ingmar

Repugnante festín y otros relatos, por Franklin Ingmar [Francisco José Íñigo Martín]; ilustración de la portada: Prieto Muriana. Madrid: Editorial Andina, 1977. Colección “Terror”; nº 76.

  • Materias: relatos – niños malignos – miembros amputados – Mitos de Cthulhu – fantasmas.

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Como sabe cualquiera que esté leyendo estas líneas, el formato físico del bolsilibro se consagró a la publicación de novelas cortas de alrededor de un centenar de páginas, aunque los juegos con el tamaño de la tipográfica permitieran encajar historias con algunos márgenes en su extensión. En ciertos casos, pocos, esa norma general se quebrantó. Así ocurrió ocasionalmente con la colección Terror, con 288 títulos publicados, de la madrileña Editorial Andina, empresa que extendió su actividad en este formato durante algo más de una década, al menos por lo que se refiere a los géneros de la ciencia ficción y el horror. Entre las habituales novelas llegaron a incluirse colecciones de cuentos, y una muestra de ello es Repugnante festín y otros relatos, de Franklin Ingmar, seudónimo de Francisco José Íñigo Martín (1936-1998), autor del que no conozco más publicaciones que las escritas para esta editorial, con este nom de plume o el de Frank Hunter, que utilizó en novelas del oeste y policíacas; aunque llegaría a firmar algunos títulos de divulgación con su nombre auténtico.

Pero vayamos a la obra que nos atañe.

Empieza bastante bien, con la narración que pone título a volumen, Repugnante festín, una historia encuadrable en el subgénero de los niños malignos. Logra gran parte de su eficacia gracias a la elección como narrador en primera persona de la niña protagonista, de voz aparentemente ingenua. Pero mejor no se dejen engañar y la acompañen a casa… Un cuento que no desmerecería entre otras historias de Robert Bloch, de similar temática.

A ciegas, el segundo relato y el más extenso de la colección, no resulta tan satisfactorio, en especial por tratarse más de una intriga de tintes criminales que de un autentico cuento de miedo, que es lo que el lector está esperando. Además se sustenta en una idea bastante inverosímil, lo que reduce el placer, a poco que se realice una lectura con mirada crítica. Con todo, termina con una vuelta de tuerca, a la manera de un episodio de Alfred Hitchcock presenta o The Twilight Zone, que le añade valor.

Un pie en la tumba, por el contrario, sí es una narración claramente fantástica e incluso inquietante, sobre el tema del miembro amputado que conserva vida propia. En este caso, lleva adelante los más oscuros deseos de su anfitrión original, entre algunas interesantes y morbosas reflexiones sobre qué ocurre con el alma de un cuerpo mutilado.

La sorpresa y la decepción llegan con El descuartizado. Sorpresa porque, tras leer unos primeros párrafos que nos resultan familiares, descubrimos que estamos ante un cuento perteneciente a los lovecraftianos Mitos de Cthulhu, con el celebérrimo Necronomicon de libro presente, algo no tan habitual en la literatura de quiosco española. Y decepción porque muy pronto nos damos cuenta de que se trata de uno de los plagios más desvergonzados a los que hayamos podido asistir. Sí, no solo reproduce con todo detalle el argumento de “El retorno del brujo” (“The Return of the Sorcerer”, 1931), de Clark Ashton Smith, también emplea para contarlo frases casi idénticas. Podemos simpatizar con que los autores de bolsilibros se inspiren en clásicos de la literatura fantástica para crear sus propias variaciones; una copia tan literal sobrepasa lo admisible.

Veamos un ejemplo, citando primero el arranque del relato de Clark Ashton Smith, en la versión de Francisco Torres Oliver:

«Me encontraba sin trabajo desde hacía varios meses, y mis ahorros estaban peligrosamente próximos al agotamiento. Así que me llevé una gran alegría al recibir respuesta favorable de John Carnby, invitándome a que presentara mis informes personalmente. Carnby había puesto un anuncio pidiendo un secretario, especificando que los interesados debían enviar previamente una relación de sus aptitudes por carta, y yo había escrito solicitando la plaza.

»Carnby, evidentemente, era un intelectual solitario que sentía aversión a tomar contacto con una larga lista de desconocidos y había elegido el modo de eliminar de antemano, si no a todos los descartables, por lo menos a gran número de ellos. Había especificado los requisitos de manera exhaustiva y escueta, y éstos eran de naturaleza tal que excluían aun a las personas normalmente bien instruidas. Entre otras cosas se necesitaba conocer el árabe, y por fortuna yo poseía cierto dominio de esta rara lengua.»

Veamos ahora cómo empieza el relato de Francisco José Íñigo Martín:

«Durante varios meses había estado sin trabajo, lo que quiere decir que mis ahorros estaban a punto de acabarse.

»Por eso me puse tan contento cuando recibí respuesta de Emil Ravenal. Una respuesta positiva. Me invitaba a tener una entrevista con él.

»Emil Ravenal había puesto un anuncio en la prensa solicitando un secretario, en el que pedía que las cartas de solicitud del puesto incluyeran el correspondiente “curriculum vitae”.

»Naturalmente, yo contesté al anuncio adjuntando todos los datos que pedía.

»Ravenal, no cabe duda, era un erudito. Por eso sentía aversión a perder el tiempo con entrevistas y largas colas de gente extraña esperando. Ese era el motivo de que prefiriera seleccionar a los candidatos y sólo conversara con los pocos que desde un principio le causaban buena impresión.

»Su anuncio era claro y conciso.

»Era necesario, entre otras cosas, el conocimiento del árabe y, afortunadamente, yo poseía ciertos conocimientos de este idioma».

Les aseguro que no es una excepción. Así continua todo el relato, párrafo a párrafo. Me parece que el jurado no necesita más testimonios para dictar sentencia.

Ya con la mosca tras la oreja, llegamos al último cuento: Regreso a casa. No es malo en absoluto; pero su premisa, el muerto que no se da cuenta de que lo está y deambula de un lado para otro sin que nadie dé señales de advertir su presencia, para su desconcierto, ha sido utilizado demasiadas veces. Es tan vieja como el amargo Ambrose Bierce.

Estamos, pues, ante un título nada mal escrito que queda desacreditado por un inexcusable y chabacano saqueo del talento ajeno. Una verdadera lástima.

Armando Boix

“El nuevo Edén”, de Clark Carrados

El nuevo Edén; por Clark Carrados [Luis García Lecha]; autoría de la ilustración, Salvador Fabá. Barcelona: Editorial Bruguera, 1975. Colección: La Conquista del Espacio”; nº 255.

  • Materias: Colonización planetaria – Viajes espaciales – Seres alienígenas – Investigación.

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El buscador y explorador planetario, el terrícola Sett Lang, tiene órdenes de eliminar a un extraño ser, habitante del planeta S-Mon-10, para que su compañía pueda colonizar y explotar los recursos de dicho planeta. Pero al comprobar que el alienígena, denominado Qrill, es inteligente, Sett Lang decide dejarlo con vida y hacerse su amigo. Tras mandar el informe correspondiente desde su nave, Lang es inmediatamente despedido de la Jefatura de Exploraciones Planetarias.

En su retorno al planeta Berkus, nuestro protagonista escucha una llamada de auxilio desde una nave cercana: una mujer, única tripulante de esa nave estelar, ha sufrido un accidente (un atentado) y su pierna ha resultado seccionada.

Desde este momento, y ya en el planeta Berkus y en otros mundos, Sett Lang se desvivirá por encontrar a los culpables del intento de asesinado de Amatista Gonadk, así como de evitar las conspiraciones de sus antiguos y ambiciosos jefes por eliminar a su nuevo amigo Qrill –quien le ayuda en sus aventuras– y la colonización y rapiña de S-Mon-10.

Con estos ingredientes, Clark Carrados nos ofrece una singular y entretenida space opera donde lo más sobresaliente son los alienígenas Krill, que en realidad son entidades múltiples, telépatas, pero con una especie de mente común que los une en sus decisiones.

Todo lo demás es puro divertimento característico de Carrados: acción pausada (es de agradecer), toques de novela policial, viajes por el hiperespacio, mundos plagados de parajes agrestes, violentos y extraños, y un sentido de la melancolía y de la nostalgia más acusado (también se agradece) que en otras de sus narraciones más desenfadadas.

Pero, por lo demás, se manifiesta lo de siempre en este autor: personajes estereotipados (protagonista masculino de una sola pieza, fuerte, atractivo y galante, acompañante femenina de indudable belleza, resuelta y valiente, villanos viciosos, pusilánimes y sádicos), maniqueísmo manifiesto y la consabida moraleja final –común en este tipo de relatos y en este autor en particular– donde los malvados han de soportar su merecido castigo o inevitable muerte por sus actos traicioneros y cobardes. Y, efectivamente, no podía faltar el amor idílico e intachable entre los dos protagonistas.

Con todo, la novela deja un buen recuerdo y su lectura resulta fluida, aunque la trama carezca de originalidad.

En mi calificación del 1 al 5 la puntúo con un 3.

Luis Ángel Lobato Valdés